miércoles, 5 de noviembre de 2008

Perdiendo Mi Religión

Adquirí la novela El Inquisidor en Mayo del año pasado, durante la última feria internacional del libro que se celebró en Panamá, en donde por casualidad conocí a su autor, el argentino Patricio Sturlese, a quien recuerdo interactuando con sus lectores con humildad espontánea y cierto asombro de contar con una obra aclamada best seller.

Como lector compulsivo añadí mi ejemplar dedicado a la pila de libros que siempre tengo esperando turno de lectura y no fue sino hasta hace unas semanas que me adentré en sus páginas para llevarme la grata sorpresa de descubrir una de las novelas más completas y entretenidas que se ha producido en Latinoamérica en los últimos tiempos.

En esta obra calificada como sacro-thriller Sturlese nos traslada al Siglo XVI, en donde nos presenta a su protagonista, Angelo Demetrio DeGrasso, quien detenta el respetado cargo de Inquisidor General de Liguria. Huérfano a temprana edad, Angelo fue criado por el sabio monje capuchino Piero DeGrande quien luego lo encomendó a los dominicos para que adquiriera su formación como Inquisidor, en la cual se ha destacado lo suficiente como para ser seleccionado por el Cardenal Vincenzo Iuliano, Superior General de la Inquisición, y el mismo Papa Clemente VIII para liderizar la búsqueda de dos enigmáticos libros satánicos—el Necronomicón y el Códex Esmeralda—que la Iglesia ha temido y perseguido por siglos y que finalmente parecen estar al alcance de la mano firme del Vaticano.

Angelo ignora que lo que parece en el primer capítulo una oportunidad valiosa para su carrera eclesiástica es en realidad el destino tocando a su puerta para implementar designios que fueron trazados desde el día de su nacimiento. En los meses venideros nuestro Inquisidor quedará envuelto en una lucha interna por el poder de la Iglesia entre el Vaticano y una sociedad secreta llamada Corpus Carus, una jovencita de nombre Rafaella desafiará su voto de celibato y competirá con Cristo por su amor, se embarcará en un prolongado y accidentado viaje al Nuevo Continente siguiendo la pista de los librorum prohibitorum, encontrará aliados bajo las identidades más insólitas y se enfrentará a enemigos en los lugares más insospechados, conocerá a la enigmática hija del Cardenal Iuliano y el poderoso secreto que ella custodia, y llegará a rebelarse contra toda autoridad a fin de desnudar la verdad.

Sturlese, un laico que estudia Teología, exhibe gran pericia al recrear minuciosamente aquella época histórica en la cual la iglesia católica racionalizaba con naturalidad el uso de torturas inmorales para arrancarle confesiones a sus acólitos y en la cual el pueblo aplaudía como espectáculos públicos las quemas atroces de aquellos condenados por herejía. Su habilidad como narrador se puede apreciar cuando nos ilustra el absurdo proceso con el cual se condena de herejía sin que ganemos antipatía hacia su protagonista. Su dominio de la historia le permite explotar los sucesos tanto en Europa como en América poco antes de la llegada del Siglo XVII para relatarnos una gran aventura que literalmente recorre medio mundo. Y es de esa misma familiaridad con la historia de la que se vale para desfilar frente a nosotros una grama gama de personajes, desde el Inquisidor Dragan Woljzowicz, el Almirante León Calvente, el Capitán de Infantería Guillermo Martínez, el enigmático polizón Nikos Xanthoupolos y su agenda oculta, el obstinado sacerdote jesuita Giorgio Carlo Tami y el misterioso astrólogo Darko, hasta el memorable Giulio Battista Èvola, “la gárgola de Cristo”.

Eventualmente comprendemos que los libros no son más que un McGuffin, el motor que pone en marcha una trama que diseca las creencias de aquel período en el cual toda actividad humana estaba supeditada a los dogmas religiosos y a los mandatos caprichosos de sus directores. Un aspecto curioso de la novela es el pavor que infunde La Sociedad Secreta de los Brujos, de quienes muy poco sabemos y que más conocemos a través de la ansiedad que inspira en la iglesia católica. En las páginas de El Inquisidor no presenciaremos ningún hecho sobrenatural; lo más que nos aproximaremos a la supuesta hechicería será a través de actos de gula carnal. Con esto Sturlese subraya sutilmente el miedo ignorante de aquellos días y diseña su trama de manera tal que aún dentro de ese contexto los Brujos no dejen de ser la amenaza que la historia requiere.

Irónicamente el análisis de aquella fe ciega e inflexible encuentra mayor efectividad a través de la gradual reversión de la fortuna de Ángelo, quien desde pequeño no ha conocido nada más que esos dogmas y, a medida que la experiencia lo va confrontando con la avaricia de su superiores, las conspiraciones de sus colegas y las pasiones del alma, la estoica fe del Inquisidor va siendo erosionada paulatinamente hasta que lo vemos convertido en un defensor desesperado de la dignidad humana en una cruzada extra ecclesia.

Patricio Sturlese distribuye a sus caracteres roles tradicionales—el mentor, la amante, el traidor, el padre desconocido, entre otros—y una vez que los identifica como tales saca provecho de nuestras preconcepciones sobre estos papeles para sorprendernos al dirigir a cada uno por un camino insospechado. Si bien algunas de sus revelaciones son predecibles al simplemente ir descartando posibilidades, esto no merma el disfrute de la obra ni impide que nos sorprenda el curso que seguirá la vida de cada personaje. Además, la narración viene hilvanada con astuta intertextualidad, ya que el Necronomicón en realidad es un libro ficticio que inventó H.P. Lovecraft muchos años antes de El Inquisidor.

No he conocido aún a alguien que haya leído este libro sin disfrutarlo, y no cuesta entender el éxito de esta novela editada en Alemania, Italia, Austria, Suiza y traducida al ruso, polaco y rumano. Patricio Sturlese nos presenta una aventura con nada que pedir y que, además, al concluir su lectura nos hará considerar de qué habría sido capaz la Inquisición si hubiera contado con dispositivos explosivos improvisados, lo cual a su vez impone la pregunta: ¿Qué tanto ha evolucionado la religión organizada durante los últimos cuatro siglos?

Sitio del autor: http://www.sturlese.net/

Octubre, 2008

Referencia Bibliográfica:
Sturlese, Patricio. El Inquisidor. México: Random House Mondadori, 2007. 474 p.

martes, 12 de agosto de 2008

Las Lágrimas de Carlota Bruner

En La Piel del Tambor Arturo Pérez-Reverte nos introduce a un peculiar y memorable personaje: Lorenzo Quart, un sacerdote al servicio del Instituto de Obras Especiales, un departamento del Vaticano que funge como un “organismo de inteligencia” a cargo de mitigar crisis potenciales que puedan manchar la imagen pública de la Iglesia Católica.

Quart es un hombre de gran astucia, con una hoja de servicio admirable que incluye haber sacado a Noriega de la Nunciatura durante la invasión estadounidense, y una disciplina férrea que camufla desiertos insospechados dentro de su alma. Sacos italianos de corte impecable, camisas de seda y zapatos de piel son el complemento ideal para un hombre que en sus cuarenta resulta tan atractivo que en la calle las mujeres se detienen a admirarlo y a lamentar el alzacuello que lo deja fuera de su alcance.

La novela inicia cuando un hacker invade el ordenador personal del Papa, dejándole una advertencia sobre una iglesia sevillana que “mata para defenderse”. Roma no puede tolerar semejante atrevimiento y Quart es despachado a Sevilla, una ciudad cuyo encanto seductor Pérez-Reverte recrea y explota al máximo en su narración. Ahí descubre que en torno a la vieja iglesia Nuestra Señora de Las Lágrimas gira un conflicto entre intereses económicos e ideológicos: Pencho Gavira, director del Banco Cartujano, trama con el apoyo del Arzobispo Corvo la venta del viejo edificio a la institución financiera, mientras que sus defensores se empecinan en preservarla a cualquier costo: El vicario Óscar Lobato y la monja Gris Marsala respaldan al Padre Príamo Ferro, un viejo sacerdote rural quien está al mando de la iglesia y se rehúsa a verla caer. Todos ellos bajo el amparo de Macarena Bruner, última vástago de una aristocracia en extinción, ex esposa rebelde de Gavira y apasionante personificación de la tentación.

Y es que Quart no sospecha que se verá obligado a tomar partido, pero no en la lucha por la supervivencia de la iglesia sino en la batalla que librará contra sus propios demonios que por tantos años ha mantenido sedados.

El elenco que lo acompaña a lo largo de la historia resulta igual de fascinante, desde El Cardenal Iwaszkiewicz y sus tácticas intrigantes propias de la Inquisición hasta la anciana madre de Macarena, Cruz Brunner, una anciana atascada entre dos mundos, o el periodista sensacionalista Honorato Bonafé. Las conjuras amorales de Gavira y su mano derecha, Celestino Peregil, se contrastan con sus ejecutores, un trío de malhechores bien intencionados que siguen los pasos del sacerdote: Con Don Ibrahim, La Niña Puñales y el Potro de Mantelete Pérez-Reverte le inyecta humor a una obra que sin ellos quizás sería demasiado sobria, pero no permite que en ningún momento se vuelva paródica o que le reste seriedad a sus demás planteamientos. Todos ellos actúan en la sombra de la leyenda del último corsario español, el Capitán Xaloc, y el amor que le fue negado. Ningún personaje aparece en sus páginas con el propósito de ser “secundario”; cada uno tiene su propio destino igual de interesante que el de Quart. Su trama no la dirigen los eventos sino las interacciones entre sus protagonistas, que se rehúsan a ajustarse a los roles que Pérez-Reverte les impone y revelan nuevos planos de sus personalidades que a su vez repercuten en las acciones de los demás.

El autor deleita con su habitual lenguaje preciso y La Piel del Tambor se devanea entre varios géneros y varias avenidas narrativas, manteniendo así al lector adivinando cuál será el sendero por el cual coincidirán sus personajes. Pero a medida que sus capítulos progresan, la historia se revela como un cándido análisis de la naturaleza de la fe, y para esto la va despojando de las armaduras ideológicas con la cual usualmente la aislamos de todo cuestionamiento. Una vez divorciada de todos los dogmas religiosos, la novela intenta responder a la pregunta ¿por qué existe la fe, por qué el ser humano la necesita? Para contestarla empíricamente no hay mejores candidatos que el dúo de Lorenzo y Príamo, manifestaciones diametralmente opuestas del clero.

Si hay algo que no se puede negar es la habilidad de Pérez-Reverte para concebir protagonistas inolvidables. Esa es la sensación que he tenido con Diego Alatriste (El Capitán Alatriste), Teresa Mendoza (La Reina del Sur) y, ahora, Lorenzo Quart. Son caracteres tan bien trazados y con tantos reveces psicológicos que aún cuando sus novelas concluyen deseas seguir siendo espectador de sus vidas.

¿Y sobre la pregunta en el vórtice del paratexto? Considero que Arturo propone una respuesta que satisfará a católico, musulmán, budista o ateo por igual.


Artículo interesante: http://www.icorso.com/cola11.html

Junio 2008

Referencia Bibliográfica:
Pérez-Reverte, Arturo. La Piel del Tambor. México: Alfaguara, 2006. 589 p.

domingo, 6 de julio de 2008

Licencia Lúdica

El común denominador del catálogo de cuentos de Ariel Barría es su preocupación por experimentar e innovar en las formas narrativas, pero no de manera presuntuosa y rígida sino con un espíritu ameno y casi juguetón pendiente de qué nueva estrategia puede ser efectiva como invitación al lector a participar en el cuento en una especie de baile intelectual con el narrador. Por eso no debería sorprendernos que en su más reciente esfuerzo ha optado por delegar la autoría de sus relatos a una docena de escritores de diferentes edades y diversos antecedentes sociales, todos producto de su inquieta imaginación.

Ojos para Oír, colección galardonada con el Premio Ricardo Miró 2006, es una excelente propuesta para revitalizar el género del cuento, que quizás es más vulnerable a todas las distracciones multimedia con las cuales compite la palabra escrita hoy en día dado que necesita mantener al lector incentivado para proseguir a la siguiente historia.

Ariel Barría responde a este desafío con una historia superpuesta, un hilo conductor en la forma de un respetado profesor y tallerista literario que nos presenta en el discurso de cierre de su carrera el material que se originó en su último taller. De esta forma, el galardonado escritor le cede el crédito de cada uno de las veintiséis narraciones a un desfile de personajes ficticios cuyas biografías son en realidad mini-cuentos adicionales y que trazan a grandes rasgos personalidades consistentes con la producción literaria de cada uno.

Así, el educador nos va presentando paulatinamente a un hijo de la guerrilla sandinense que nos ofrece dos cuentos sobre la vida dentro del conflicto armado, a un poeta que ha salvado su vida con sus versos, a una pareja cuyo amor por las letras los unió tras conocerse en el taller, o a la conmovedora biografía del “autor” de Suicida con Angeles.

La temática variada de Ojos para Oír subraya el encanto de hechos cotidianos, incluyendo cuentos que ironizan las convenciones, como el romance trascendental de Al Lado, o la peculiar manifestación del amor maternal en Mamá Dolores, o el absurdo de la muerte a través de la óptica campesina en Noticia. Asimismo nos encontramos con una brillante advertencia sobre el propio oficio del escritor en El Corrector y en Conciliábulo Crítico, y nos deleitamos con la sencillez engañosa de Y Sobran… y con la forma en que la peculiar escritora “Etcétera” nos retrata la habilidad del ser humano para evadirse de su realidad en Marte. Podríamos continuar haciendo acotaciones a cada uno de los cuentos, pero basta con señalar que en ellos se luce el humor característico de Ariel Barría y se deja entrever una profundidad insospechada en sus planteamientos que hace gala al título de la obra.

Por cierto, el libro no concluye sin atar su último cabo suelto, y es que el Discurso Solemne no es sólo un recurso sino una historia más, y el instructor en las letras verifica si hemos estado pendientes de sus palabras cuando puntualiza la obra con un giro final que le da una nueva perspectiva a su memorable taller.

Junio, 2008

Previas reseñas del autor:
http://mutismaldonado.blogspot.com/2007/05/las-sensaciones-del-nuevo-siglo.html.
http://lapiladelibros.blogspot.com/2008/05/el-ltimo-en-salir-que-apague-estos.html

Referencia Bibliográfica:
Barría, Ariel. Ojos para Oír. Panamá: Editorial Mariano Arosemena, 2007. 122 p.

jueves, 19 de junio de 2008

La Novela Tramposa

“Pssssst, no me dejes aquí;” la voz que provino de la estantería me hizo voltear de inmediato, pero no había nadie. “¡Llévame contigo!” La inconspicua novela insistía en que yo debía leerla. Nunca antes había visto esa obra titulada Saga, de Tonino Benacquista, un autor desconocido para mí. Pero sus poderes hipnóticos pudieron más que yo y acabó yéndose conmigo a casa. Buena decisión.

A los escritores a menudo les recomiendan “escribe de aquello que conozcas”. Entonces, ¿una historia acerca del arte de contar historias se ajusta a esa indicación, o es hacer trampa? A lo mejor no, si recordamos que Seinfeld triunfó con un show acerca de “nada”.

En Saga nos encontramos con cuatro escritores franceses sin suerte. Tres de ellos son guionistas: Louis, un veterano que aún no ha alcanzado el éxito deseado; Jerome, creador de historias al estilo blockbuster estadounidense, cuyo gran libreto ha sido robado por un productor que se ha hecho millonario transformándolo en una película yankee interpretada por Schwarzenegger y Stallone; y Marco, un novato cuyo único sueño es ganarse la vida escribiendo guiones e inventando historias. La cuarta integrante es Mathilde, quien ha pasado su vida escribiendo novelas románticas bajo un sinfín de seudónimos. Este cuarteto de disímiles protagonistas es convocado por una cadena de televisión—elegidos únicamente por la facilidad de pagarles el salario más bajo posible—para que, a fin de cumplir con la cuota requerida de producciones nacionales, creen una serie de televisión de ochenta capítulos para ser transmitida en las madrugadas. Séguret, el productor, les impone una sola regla: “Hagan lo que les dé la gana, con tal de que salga lo más barato posible.”

Lo que en un inicio suena como una restricción, en manos de estos personajes resulta ser la oportunidad de oro. Sus imaginaciones se desbocan, escriben todo lo que les da la gana, sin inhibición alguna, y el resultado es Saga, un programa que se insinúa en los hogares de Francia y evoluciona a un fenómeno sociológico incontrolable. Saga llega a ser el programa más exitoso del país, transmitido en prime time y seguido religiosamente por veinte millones de personas. Y ahí es donde la historia se desdobla: Como buenos empresarios, la cadena quiere explotar el producto al máximo, y cuando los autores descubren que prescindiendo de ellos planean una segunda temporada, retribuyen con un capítulo ochenta cínico, amargado, deprimente y desalentador, que cierra la puerta a toda posible continuación de la serie. Mathilde, Louis y Jerome parten de Francia rumbo a distintas latitudes, persiguiendo sus metas personales. Marco permanece en París y se enfrenta cara a cara con la desilusión del público, descubriendo a plenitud lo que los personajes ficticios llegan a significar para el hombre promedio que se sienta frente a la TV para escapar de su vida cotidiana.

Saga se trata de mucho más que una serie de televisión. Benacquista—quien en su vida ha deambulado entre oficios como colgador de cuadros y repartido de pizzas con tal de contar con el tiempo suficiente para escribir sus novelas—hace una apología sobre el narrador, el escritor, el inventor, aquel que, tal como les sucede a sus protagonistas, no puede “desconectar la máquina de hacer historias”. Por medio de las distintas caracterizaciones, explora varias modalidades de esa vida. Marco está tan obsesionado con sus personajes que excluye y aliena a su novia. Mathilde ha ingeniado una tonelada de romances para evadirse de su patética historia sentimental. El Vengador superheroico de Jerome es en el fondo una reacción a todas las injusticias que él ve pasar impunes día a día. Y cada una de las decisiones que ellos toman, desde sus días de juventud escribiendo la Saga hasta las últimas páginas de la novela se atienen a un guión fiel a la máxima que inaugura el libro: “La literatura es un lujo, la ficción una necesidad.”

Noviembre, 2004

Referencia Bibliográfica:
Benacquista, Tonino. Saga. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. España: Suma de Letras, 2002. 406 p.

El Zorro Inicia

Es curioso que en el mismo año en el que se estrenó una versión cinematográfica de los orígenes de Batman, Random House Mondadori haya publicado una novela con un enfoque idéntico sobre el personaje de El Zorro, que a su vez fue una de las principales fuentes de inspiración para Bob Kane, el creador del enmascarado de DC Comics. La ficción tiende a ser cíclica, y más aún cuando se trata de estos personajes que aspiran a ser iconos y trascender fronteras generacionales.

A diferencia de la mayoría de los héroes disfrazados concebidos en esa época que se han mantenido siempre viviendo en el presente del lector, El Zorro ha estado firmemente enmarcado en un momento histórico determinado, demostrando que aquello no es obstáculo para mantenerse vigente. Quizás en circunstancias similares Superman estaría entrando a la tercera edad o heredándole la capa a su hijo. En todo caso, al sumarse al panteón de la mitología del Siglo XX El Zorro representa una serie de valores e ideales que históricamente se han inculcado a través de arquetipos, y esto lo obliga junto a sus congéneres a evolucionar con los tiempos para mantener su vigencia. Así como Batman saltó de la comedia de los sesenta a la seriedad y el realismo urbano de los setenta y ochenta, El Zorro también ha progresado desde las aventuras de Disney hasta la saga más oscura de Antonio Banderas.

Recientes reinterpretaciones de este género han añadido un elemento adicional: A la audiencia ya no le basta transportar a estos personajes fantásticos a un mundo tan crudo como el propio; es imprescindible también convencerse de que alguien como nosotros, siguiendo unos pasos específicos, puede transformarse en un ser tan extraordinario como aquellos. Sólo así está dispuesta a suspender la incredulidad por el resto del relato y asimilar el mensaje que la aventura transmite. Eso es lo que logran películas como Spider-Man y Batman Begins, y lo que también se propone la novela Zorro, Comienza La Leyenda, cuya versión en español es publicada por Editorial Sudamericana.

Zorro Productions escogió a la escritora Isabel Allende para redactar esta biografía ficticia, lo cual fue una decisión acertada pues al recurrir a una autora ajena al género, tenemos la fortuna de que Allende no da por sentado ningún elemento de la leyenda y presta una minuciosa atención a cada uno de sus detalles para justificarlo de maneras ingeniosas y creíbles.

Así pues, Isabel nos traslada a la infancia de Diego De La Vega, un niño mestizo hijo de un capitán español convertido en terrateniente y una guerrera indígena de sangre audaz, nos narra su juventud en el pueblo de Los Ángeles, sus experiencias con ambos lados de su linaje, y cómo va aflorando aquel espíritu indómito que lo caracterizará por el resto de su vida. Todos los personajes, desde Bernardo, Toypurnia, y Alejandro De La Vega, hasta el Padre Mendoza, Nuria y Rafael Moncada, son retratados con un grado de intimidad que nos hace identificarnos con cada uno de ellos. Allende pone sumo cuidado en cada peldaño que conduce a Diego hacia su doble vida, desde los elementos que poco a poco va coleccionando que algún día conformarán su disfraz, hasta el origen de la identidad de El Zorro. Desde sus aventuras con sus ancestros indígenas hasta sus odiseas como miembro de una sociedad secreta española, no nos aburrimos ni un solo minuto de este relato, que se nos revela con generosos matices de novela histórica, desde la colonización española, pasando por el viaje que Diego y Bernardo realizan que los hace atravesar Panamá rumbo a España, a una Europa burguesa, incluyendo sus encuentros con piratas, hasta retornar a su pueblo, para hallarlo sumido en la decadencia de los conquistadores.

¿Y El Zorro? No esperen ver mucho de él en este libro; después de todo, la narradora deja bien claro que ésta es la historia de Diego De La Vega, un protagonista lleno de virtudes y defectos, encantador y exasperante, idealista y soñador, quien cuando finalmente se vale de la máscara y la espada en las últimas páginas nos dejará con la convicción de que cualquiera de nosotros, con la vida que él llevó, también se habría fajado el sombrero negro y habría cabalgado sobre Tornado.

Febrero, 2006


Referencia Bibliográfica:
Allende, Isabel. El Zorro, Comienza la Leyenda. Argentina: Editorial Sudamericana, 2005. 382 p.

El Historiador y el Camerlengo

A estas alturas quizás sólo quedan en el mundo algunos misioneros en rincones remotos que no han oído de El Código Da Vinci de Dan Brown. Como la gran mayoría, esa fue la primera obra del autor que leí y disfruté la controversial narración. Eso me motivó a rastrear las novelas anteriores de Brown, y la siguiente que leí fue Angels & Demons, la primera aventura de Robert Langdon pre-Santo Grial. Me sorprende que esta novela no haya sido un éxito mundial como la posterior. The Da Vinci Code fue entretenida, pero al concluir Angels & Demons me apetecía pararme y aplaudir.

Dan Brown—quien dedica años a investigar el material de cada una de sus novelas—construye un relato absorbente desde la primera escena la cual, curiosamente, es paralela al comienzo de The Da Vinci Code: Tras un enigmático asesinato en el prólogo, el Profesor Langdon es despertado en la madrugada por la llamada de alguien que requiere de sus vastos conocimientos históricos. Pero ésta vez él no es sospechoso del crimen. Langdon se traslada a Suiza, al Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN, por Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire), en donde un científico que ha descubierto el método para producir anti-materia ha sido asesinado por una legendaria hermandad llamada los Illuminati, a la cual Langdon ha dedicado largas horas de estudio.

La anti-materia es la espada de doble filo del nuevo milenio: Una fuente de energía inigualable que también puede fungir como una apocalíptica arma de destrucción masiva. Y los Illuminati, enemigos jurados de la Iglesia Católica, han ocultado en el Vaticano suficiente anti-materia como para convertirlo en un cráter precisamente el día de Il Conclave, la reunión de todos los Cardenales del planeta para elegir a un nuevo Papa.

Con menos de seis horas para la destrucción del Catolicismo, Robert llega al Vaticano acompañado de Vittoria Vetra, una voluntariosa científica, quien lo acompañará en una sofocante aventura a través de la Santa Sede y Roma, intentando descifrar los secretos de los Illuminati para localizar al Hassassin que ha secuestrado a Il Preferiti, los cuatro Cardenales favoritos para el puesto de Papa. Simultáneamente, el Camerlengo Carlo Ventresca—el asistente personal del Papa, quien de acuerdo a la ley del Vaticano queda a cargo hasta la elección del Pontífice sucesor—tiene que hacer frente a la humillación y potencial extinción de la Iglesia bajo el ataque de los discípulos de la ciencia, y las controversiales decisiones que tomará harán que el mundo se detenga y atienda al drama.

Tres párrafos no le hacen justicia a esta historia, pero nada lo hará salvo leerla. Recuerdo que en la década de los ochenta se puso de moda las secuelas en el cine que en realidad no continuaban la historia sino que repetían la fórmula de la primera película. Esa es la misma impresión que tengo de The Da Vinci Code tras leer a su antecesora. Si bien aquella es fascinante por la riqueza de datos históricos y artísticos que contiene, a fin de cuentas no es más que una gran persecución de principio a fin.

Angels & Demons, por otro lado, nos ofrece una sólida trama repleta de giros y acontecimientos emocionantes con un pulso frenético y un estilo narrativo que es la versión en prosa de la serie de TV 24. Repleto de información histórica y artística mezclada con la ficción, el libro además aborda el eterno conflicto entre la religión y la ciencia, entre la fe y el pragmatismo, desde equitativos e innovadores ángulos. El fundamento científico de la novela nos sorprenderá con lo cercanos que estamos a vivir en un mundo radicalmente distinto al conocido. Y de especial interés resultan los ambigramas de los Illuminati, que fueron diseñados específicamente para la obra de Brown, y el misterioso diamante de la hermandad que conocemos al aproximarnos al desenlace.

Como si estos elementos no bastaran, el autor puebla sus páginas con personajes geniales, desde el intelectual Robert, el sádico Hassassin, el Comandante Olivetti de la Guardia Suiza, el Director de CERN, Max Kohler, hasta Vittoria, una digna co-protagonista de quien Sophie Neveu es sólo una sombra. Pero el miembro más interesante del elenco es el carismático Camerlengo Ventresca, quien debe sumarse a los personajes más memorables de la Literatura reciente.

Todos esos ingredientes componen la receta para una singular aventura en tiempo real que le robará el aliento a los lectores y les dejará, al cerrar sus páginas, nuevas interrogantes sobre la auténtica naturaleza de los milagros.


Sitio del autor: http://www.danbrown.com/

Enero, 2005


Referencia Bibliográfica:
Brown, Dan. Angels & Demons. EEUU: Pocket Star, 2002. 608 p.

jueves, 5 de junio de 2008

Cherchez la femme

La Dahlia Negra fue el apodo que adquirió un atroz homicidio que realmente ocurrió en 1947 y que sesenta y un años más tarde continúa irresuelto, constituyéndose así en uno de los episodios más oscuros en la historia de Los Ángeles, California. En Enero de ese año, el cuerpo de una joven de veintitrés años llamada Elizabeth Short fue hallado no sólo víctima de mutilaciones y con varios rastros de torturas sádicas, sino también brutalmente cortado por la mitad. Su cuerpo había sido vaciado de toda su sangre, y sus mejillas habían sido cortadas desde la comisura de los labios hasta las orejas, simulando una truculenta sonrisa post-mortem. Desde entonces, Beth Short ha sido sujeto de varios libros, tanto de ficción como ensayos sobre el crimen, y ha sido inmortalizada en la pantalla grande y en la chica.

James Ellroy es un autor que utiliza la Literatura como un escudo contra sus demonios. Cuando tenía diez años, su madre—de cuya vida poco conocía—fue violada y asesinada. Esto torció su Complejo de Edipo y fragmentó su psiquis. En el camino a la adultez se encontró con el homicidio de Beth Short y lo adoptó como un blanco alterno hacia el cual proyectar su morbosa fascinación con la muerte de su madre. Después de años de obsesión y comportamiento auto-destructivo Ellroy encontró en la palabra escrita el medio para homenajear y exorcizar a estas dos mujeres cuyos crímenes inconclusos había homologado.

Viéndolo así, James y Beth hacen la pareja ideal para una novela de corte policial sin miramientos, y eso es justo lo que encontramos en el libro titulado The Black Dahlia, en el cual se esmera admirablemente por retratarnos la vida en Los Ángeles de los años cuarenta: Una ciudad decidida a ser la meca del cine y a promoverse como el destino preferencial de todos los sueños, habitada por hombres inescrupulosos que no vacilarán en prostituir un anhelo ajeno con tal de garantizar el propio. Una ciudad que Elizabeth no logró sobrevivir.

La historia es protagonizada por Dwight “Bucky” Bleichert, un joven policía que gracias a sus habilidades pugilísticas es elegido para un encuentro boxístico en un evento de caridad de la policía y por el cual es recompensado con un ascenso en el departamento que lo pone en posición de trabajar con el Fiscal de Distrito Ellis Lowe. El otro resultado de su hazaña es que su contrincante en el cuadrilátero, Lee Blanchard, se convierte en su nuevo compañero, y Bucky entabla una férrea amistad con Lee y su novia Kay, forjando un triunvirato que le servirá de faro en la tormenta que se avecina, pero que no sobrevivirá intacto la tragedia que estremecerá L.A.


Ellroy no tiene prisas; varios capítulos transcurren en la cotidianidad policíaca antes de introducir el objeto focal de su trama. Pero esas páginas no son un desperdicio. Con una prosa densa y repleta de detalles el autor intenta recrear aquella vida de los cuarenta a la sombra del letrero de Hollywoodland, y nos presenta a un rico elenco de personajes que en los capítulos venideros alimentarán la intensidad de su relato. Así tenemos al Fiscal Lowe, con su agudo instinto político, a Kay Lake, la compañera sentimental de Blanchard con quien vive un inexplicable celibato, y a los colegas policíacos Russ Millard, Bill Koening, Fritzie Vogel, y su hijo Johnny, y a Harry Sears, quienes serán piezas claves en el destino de Bleichert. Igualmente invierte emociones al caracterizar a los sospechosos o testigos del caso, como Red Manley, Linda Martin o Joseph Dulange. Y, sobre todo, se destaca con la enigmática imitadora de la Dahlia, Madeline Sprague, y su familia opulenta. Todos presentan una oportunidad para mostrar la fauna de Los Ángeles; algunos hasta sobrevivirán para la siguiente novela de Ellroy, L.A. Confidential. Ninguno de estos personajes ha sido caracterizado perezosamente; cada uno cobra vida gracias a las imperfecciones que el autor meticulosamente les atribuye.

Cuando el cuerpo mutilado de la célebre víctima finalmente es descubierto en el séptimo capítulo, el libro da paso a una espiral de opresión psicológica y emocional a medida que todos aquellos involucrados en la investigación van absorbiendo la brutalidad del crimen y se enfrentan a la imposible tarea de hallar al responsable. El pasado de Elizabeth se va reconstruyendo y las anécdotas alternan entre retratarla como una vampiresa a la caza del siguiente hombre o como una joven desamparada buscando con desesperación algunas migajas de afecto. En ella se enfatiza la ironía de estar preparada a descender a cualquier nivel con tal de alcanzar un sueño inocente.

No todo en este libro es fiel a la investigación del caso Short en la vida real, pero Ellroy lo aprovecha para criticar las actividades sórdidas que se desenvolvían desde el brillo de Tinseltown hasta las sombras de Tijuana. En sus páginas abundan la prostitución, el alcohol, las drogas y, más que nada, las mentiras. Lástima que no sean ficción.

Y es que James Ellroy logra un relato intensamente noir sin sacrificar el verismo por la forma. Ninguno de los golpes que sus capítulos nos asesta es fingido. El relato en sí vacila intencionalmente en cuanto a su objetivo, pues dudamos si realmente se atendrá al caso de La Dahlia Negra y por lo tanto quedará sin respuesta, y nos inspira a enfocarnos en las relaciones entre los personajes. Pero el autor sí teje una respuesta en su narración, que sólo él sabrá si es su tesis o sólo ficción, e incluso une su resolución con un simbólico acontecimiento en la historia de Hollywood. Así logra cerrar la puerta al enigma que tanto lo ha atormentado.

The Black Dahlia es en el fondo una historia sobre la obsesión y el precio que nos cobra. Y es precisamente ese absceso emocional el que habilita a Bucky a excavar lo suficiente en el basurero humano de Los Ángeles como para identificar, a gran costo personal, a los perpetradores del homicidio, y exhibir las mentiras sobre las cuales edificó su cómoda realidad personal.

Al concluir sus páginas sentimos un alivio, no como una connotación negativa acerca de la novela, sino por la posibilidad de escaparnos de la suciedad de ese mundo. Y está bien que lo sintamos, porque todos somos parte de la humanidad que alberga dentro de sí la capacidad para atrocidades como la que fue infligida a Elizabeth Short.

Mayo, 2008


Referencia Bibliográfica:
Ellroy, James. The Black Dahlia. Gran Bretaña: Arrow Books, 2007. 397 p.