domingo, 1 de marzo de 2009

Réquiem para 007

En ocasión del regreso de James Bond a la pantalla grande a finales del año pasado, luego de ver a Daniel Craig paseándose por el Casco Antiguo y Avenida B decidí leer la novela Devil May Care, escrita por Sebastian Faulks en homenaje al centenario del nacimiento de Ian Fleming, creador del espía más célebre de la ficción.

De los libros del agente 007 sólo había leído Casino Royale tiempo atrás interesado en descubrir el concepto original de Fleming que Hollywood tanto había diluido hasta el lanzamiento de la película homónima. Me encontré en Devil May Care al mismo personaje de aquel libro, con unos años y unas cuantas cicatrices extra, pero con la misma voluntad para llevar su misión a feliz término.

Para quien busca una aventura de acción e intriga, Devil May Care contiene todos los elementos que uno espera de una historia de Bond: Un adversario con una deformidad física y un carácter despiadado, una trama insólita para desviar el curso de la sociedad, viajes alrededor del mundo a sus rincones más exóticos y una dama atractiva y enigmática que despierta el interés de nuestro héroe.

Lamentablemente, la novela no posee mucho más que eso. Faulks aparentemente se limitó a reproducir la fórmula de Fleming sin mucho afán de innovación. Las partes más interesantes las encontramos al comienzo, cuando nos encontramos con James en un sabático, conciliando los recuerdos de sus aventuras pasadas con la posibilidad de que ya es hora de dejar atrás el trabajo de campo y cerrar esa etapa de su vida. Éste es un Bond que se encuentra con una mujer hermosa que intenta seducirlo y decide dejarla pasar pues está perdiendo su apetito por sus antiguos juegos. Desafortunadamente este Bond desaparece tan pronto M le asigna una nueva misión; habría sido más interesante que llevara las dudas consigo a lo largo de la novela.

Otra perspectiva interesante que Faulks pudo aprovechar mucho más fue la distancia histórica que tiene con la época en la que se desarrolla la historia. Devil May Care tiene lugar en 1967, en un momento en que las relaciones entre MI6 y la CIA se han enfriado porque el Reino Unido no apoyó a Estados Unidos en Vietnam. Bond observa una sociedad cambiante en la cual las drogas se están volviendo un problema apremiante. Sus investigaciones lo llevan hasta Persia, presagiando la amenaza que Irán llegará a ser para la paz mundial. Y en el último trecho de su misión James visita por primera vez la Unión Soviética, descubriendo que el enemigo quizás no es tan fuerte como suponía.

Todos estos elementos se prestaban para una trama mucho más completa y provocativa que la escrita por Faulks. Por otro lado, considerando que los herederos de Fleming le comisionaron la confección de este libro como parte de un ejercicio publicitario que incluyó su lanzamiento a bordo del navío HMS Exeter (http://news.bbc.co.uk/1/hi/entertainment/7420894.stm) y la creación de una canción al estilo de los films por el grupo SAL (http://www.youtube.com/watch?v=tEs73nynO2o), quizás parte de sus instrucciones era no romper con ninguno de los paradigmas de la serie.

Si habrá futuras entregas en prosa del agente 007, recomiendo hacer propuestas más audaces. Por ejemplo, sería interesante ver a un Comandante Bond de avanzada edad a finales de los ochenta o los noventa, ocupando la posición de M y dirigiendo al Servicio Secreto contra las nuevas amenazas que se ciernen sobre el Siglo XX. Mientras tanto, éste podemos considerarlo como uno de los pocos casos en los que la palabra escrita ha sido superada por el cine mediante la saga que los Broccoli están construyendo en torno a Craig.

Enero, 2009

Referencia Bibliográfica:
Faulks, Sebastian. Devil May Care. Londres: Penguin Books, 2008, 295 p.

domingo, 22 de febrero de 2009

Cronopiofilia

¿Sonará muy mal que admita que nunca había leído a Julio Cortázar? No lo había evadido intencionalmente; simplemente entre tantos libros disponibles tardas más en llegar a unos que a otros. Mi primer contacto con este venerado escritor argentino fue a través del librito Historias de Cronopios y de Famas, y con sólo un par de páginas ya me había sumado a su legión de adeptos.

“En casa del Jacinto hay un sillón para morirse…”

La obra que nos ocupa ha sido catalogada como una colección de cuentos, pero semejante terminología tan rígida y tradicional es insuficiente para referirse al exuberante ejercicio de imaginación irreverente que encontramos dentro de sus páginas.

“Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas…”

El libro está dividido en cuatro secciones, y aunque la primera, titulada “Manual de Instrucciones,” no me convenció de salida, para cuando llegué a la segunda—“Ocupaciones Raras”—el libro me capturó, y al pasar a “Material Plástico”, la tercera, ya era un adicto.

“Un fama descubrió que la virtud era un microbio redondo y lleno de patas…”

Sus pequeños relatos podrían considerarse cuentos en el sentido que contienen el desarrollo de una acción por algunos personajes, pero a su vez trascienden las fronteras de los cuentos, se transforman en un género autóctono que se caracteriza por la innovación creativa y la invalidación de paradigmas.

“A un señor le cortaron la cabeza, pero como después estalló una huelga y no pudieron enterrarlo, este señor tuvo que seguir viviendo sin cabeza y arreglárselas bien o mal…”

En sus páginas encontrarás temas tan diversos como una tía que teme caerse de espaldas, cómo lanzar un pelo al lavabo y luego recuperarlo de la cañería, una familia que se apropia del duelo en los velorios ajenos, la humillación de las bicicletas al negárseles el acceso a los sitios públicos, un mundo tapizado de libros, la interpretación de la geografía desde la perspectiva de las hormigas, las vicisitudes del camello Guk que ha sido declarado indeseable, ó un oso que vive en los caños de la casa.

“Los pobres aprovechan los libros como ladrillos, los pegan con cemento y hacen paredes de libros y viven en cabañas de libros…”

Ésta es una obra que nos exige dejar de tomarnos todo tan en serio, nos reta a asignarle nuevos significados a palabras cotidianas, a buscar la novedad en lo mundano, a entretenernos con el absurdo. La aparente sencillez de sus relatos oculta una profundidad insospechada que revela a su vez un poderoso dominio del lenguaje y la sintaxis y una erupción inventiva irreprimible que se conjugan para producir el texto más divertido que he leído en muchos años.

“Pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre…”

Al llegar a la cuarta y última sección que da título a la obra el ingenio fantástico alcanza su máxima expresión al describirnos el mundo de unos seres ambiguos llamados famas, esperanzas, y los adorables cronopios. No sería justo con el libro abordar estos relatos en un par de líneas; basta con decir que detrás de estas jocosas anécdotas yace una oda a la capacidad de ilusionarse con cada detalle ordinario de nuestro entorno.

“Qué maravillosa ocupación cortarle una pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera, despachar la carta en el correo de la esquina…”

Historias de Cronopios Y de Famas es un libro que recomiendo para absolutamente cualquier persona; desde el lector empedernido hasta quien esquiva la literatura como una peste contagiosa. Es un libro que te hará reír, te hará pensar, te hará suponer, aliviará tus tensiones, y tan pronto culmines su lectura desearás regresar a la primera página. Julio Cortázar gozaba de una perspectiva privilegiada del mundo que nos rodea y somos afortunados de que la haya compartido con nosotros en esta obra intemporal.

Enero, 2009

Sitio del autor: http://www.juliocortazar.com.ar/

Referencia Bibliográfica:
Cortázar, Julio. Historias de Cronopios Y De Famas. México: Punto de Lectura, 2005. 165 p.

sábado, 7 de febrero de 2009

Travesuras del Pasajero Oscuro

Un asesino en serie que sólo escoge a víctimas peores que él es el héroe improbable de un misterio policiaco ambientado en Miami. Cuando escuché la premisa del programa de TV Dexter la tildé de insostenible para una serie, y conversando con un amigo opiné que estaría mejor planteada en una novela finita. Semanas después descubrí que de hecho el show era una adaptación de un libro de Jeff Lindsay, y de ahí mi curiosidad me obligó a leerlo.

Darkly Dreaming Dexter nos presenta a Dexter Morgan, un hombre que de pequeño fue adoptado por un policía honesto y tras crecer en el seno de su familia sigue la tradición familiar y trabaja como un científico forense en el Departamento de Policía de Miami sirviendo como analista especializado en los patrones de la sangre en las escenas de crímenes. Pero Dexter tiene una vida oculta: Como todo psicópata él es incapaz de sentir las emociones humanas y se limita a fingirlas mientras que, de vez en cuando y con la meticulosidad que semejante tarea exige, asesina a aquellos individuos cuyas trasgresiones sociales son lo suficientemente abominables como para que los lectores no se sientan incómodos con las atrocidades de Dexter, como por ejemplo un sacerdote que mata a los niños de su parroquia. ¿Dónde adquirió nuestro protagonista semejante código de honor? Pues Harry, su padre sustituto, detectó cuando Dexter era joven esos impulsos antinaturales que brotaban en él y, conociendo todas las técnicas policíacas, le enseñó cómo evadir los errores que lo enviarían a la cárcel y le inculcó los principios que le permitirían canalizar sus necesidades para beneficiar a la comunidad.

La vida cambia para nuestro insólito héroe cuando un nuevo asesino aparece en Miami exhibiendo un talento superior al de Dexter. Sus víctimas aparecen descuartizadas y vaciadas de hasta la última gota de sangre. Dexter se halla a sí mismo presa de una obsesiva admiración por el asesino que lo magnetiza a la investigación de los homicidios e inspira en él errores injustificados que podrían costarle todos sus secretos. Para complicar las cosas su hermana adoptiva, Deborah, quien también es una policía que aspira desesperadamente a convertirse en detective, requiere del apoyo de Dex para resolver el caso, pero él no está seguro si éste es un hombre a quien desea detener. O siquiera si se trata de su propio Pasajero Oscuro.

Mi escepticismo rápidamente se disolvió. No es sólo que Lindsay concibió un concepto que le ofrece un ángulo fresco a un género que ansiosamente lo requería después de haber sido explorado por tantos autores. Las páginas del libro están pobladas de personajes que se esmeran por romper con los roles tradicionales. Nos agrada tanto Deb Morgan con su carácter impaciente, como la Detective Migdia LaGuerta con su maniobras políticas y su atracción hacia Dex, como el Sargento Albert Doakes que sospecha que algo no anda bien con el forense Morgan, hasta la novia de Dexter, Rita, quien por su historia de abuso familiar es la pareja ideal para nuestro protagonista. Y hay que reconocerlo: Dexter también encanta porque a través de su narración en primera persona obtenemos un punto de vista poco convencional de la conducta social cotidiana, porque nos ofrece un retrato interesante de la comunidad hispana en Miami, porque salpica sus experiencias con un humor negro irreverente, porque notamos que hay una parte de él que desearía repeler al Pasajero Oscuro, que es la metáfora con la cual se refiere a aquellos instintos homicidas que encadenan su alma intempestivamente.

Si ya has visto la primera temporada de Dexter el libro guarda pocas sorpresas pues la adaptación televisa es muy fiel y sólo expande un poco la trama para cumplir con la cantidad adecuada de episodios. Pero aún así la prosa de Jeff Lindsay es lo suficientemente entretenida y envolvente como para enriquecer la historia. Por mi parte, ya he encargado los siguientes dos libros protagonizados por el Señor Morgan y no planeo ver un solo episodio más hasta que los haya leído.

Enero, 2009

Referencia Bibliográfica:
Lindsay, Jeff. Darkly Dreaming Dexter. Reino Unido: Orion Books Ltd, 2005. 275 p.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Entre Dos Tierras

“A veces me sorprendo diciendo su nombre. Me gusta su textura sobre mis labios, algo tenue pero tangible que le da sustancia a mis recuerdos.”
John Rain

Muchas veces se ha dicho que en la Literatura y en la ficción en general todas las historias ya se han contado, que lo que genera nuevos relatos y personajes originales que atraigan nuestra atención—cual ingrediente secreto de una receta exitosa—es la perspectiva de cada autor, filtrada por el lente de sus propias experiencias.

Un caso que lo confirma es Rain Fall, la novela debut de Barry Eisler que será reinterpretada en el cine en el 2009. Superficialmente puede simular ser un caso más de la típica trama en la cual un eficiente y amoral sicario va poco a poco descubriendo una causa justa por la cual luchar gracias al amor inesperado que le nace por una extraordinaria mujer. Y todo lo anterior no es falso, pero lo que hace de éste un libro singular no es el bosque sino cada uno de los árboles sembrados en él.

Empezamos con el protagonista, quien nos relata los acontecimientos en primera persona: Fujiwara Junichi, alias John Rain. Hijo único de un matrimonio interracial entre un diplomático japonés y su contraparte estadounidense, John ha pasado toda su vida entre dos culturas profundamente distintas e intensamente recelosas una de la otra. Rechazado socialmente en ambos países por su sangre mezclada pero con el corazón anclado al Japón de su niñez, Rain creció en un ostracismo que sin duda en gran parte lo motivó a inscribirse en el ejército norteamericano junto a su amigo “Crazy Jake” y juntos combatieron en la guerra de Vietnam como parte del Grupo de Operaciones Especiales. El conflicto bélico transformó a Junichi irremediablemente.

Conocemos a John Rain por primera vez muchos años después, e inmediatamente descubrimos que actualmente aprovecha todas sus habilidades al dedicarse a fungir como hitman para la élite de Tokio. Actuando como agente independiente, John se especializa en simular que las muertes de sus víctimas son por causas naturales. Pero Rain no es un psicópata que disfruta robando vidas ajenas ni un villano sin conciencia rumbo a su redención. Estamos ante un personaje con varias capas psicológicas, un hombre que la vida lo ha marcado con cicatrices y lo ha forzado a aislarse, y que ejerce el único oficio que conoce para sobrevivir. En las páginas del libro encontramos una interesante analogía de cómo John alguna vez fue un samurai y ahora es un ronin.

Y es gracias al oficio de John también que conocemos a una serie de fascinantes personajes, como Harry, el brillante hacker que provee asistencia valiosa a John; Tatsu, el intrépido director de la Ketisatsucho; William Holtzer, el jefe de estación de la CIA en Tokio; o Yamaoto, el astuto líder del partido político “Convicción”. Todos ellos jugarán un papel crucial en cambiar la vida de John de forma irreversible. No es en vano que el juego de palabras en inglés del título de la novela se puede traducir a “La Caída de Rain”.

En el otro extremo de la trama tenemos a Kawamura Midori, una hermosa pianista de jazz con una personalidad incisiva y perceptiva que el destino interpone en el camino de John y, gracias a la hipnotizante caracterización que Eisler logra, al lector se le hace tan difícil como a Rain evitar enamorarse de Midori. Con ellos dos conocemos un Tokio seductor y misterioso, melancólico y magnético, hogar de los mejores bares en los cuales refugiarse en el jazz y el whiskey. A simple vista John y Midori viven un romance propio de almas gemelas, salvo por que el padre de Midori fue la última víctima de Rain.

Hay un McGuffin que a largo de las páginas de la novela perseguimos frenéticamente, un disco compacto irreproducible que el padre de Midori escondió antes de morir y que guarda todos los secretos de los políticos locales. El poder de su contenido es tal que no sólo alinea a múltiples enemigos contra John y Midori sino que nos vale para adentrarnos y comprender la compleja telaraña de corrupción entre el gobierno y la yakuza japonesa, a quienes el devenir histórico ha fusionado en un ciclo simbiótico inagotable. El pantallazo al engranaje social del Tokio moderno es otro de los elementos dignos de admirar en esta obra.

Antes de recurrir a la palabra escrita Barry Eisler trabajó tres años en la estación de la CIA en Japón, así que nos queda sólo especular el porcentaje de autenticidad de los sucesos narrados en esta convincente novela inaugural. Lo que es indiscutible es que al proponernos un nuevo tipo de anti-héroe y un escenario radicalmente distinto Eisler ha refrescado lo que algunos podrían tildar como un género gastado.

En Rain Fall encontramos una obra tan híbrida como su protagonista, que combina el tradicional thriller estadounidense con los elementos singulares de la cultura japonesa en un escenario moderno que sin embargo evoca a la venerada cultura de los samuráis, y como Junichi, su efectividad es admirable.

Sitio del autor: http://www.barryeisler.com/

Octubre, 2008

Referencia Bibliográfica:
Eisler, Barry. Rain Fall. EEUU: Signet, 2003. 376 p.

Perdiendo Mi Religión

Adquirí la novela El Inquisidor en Mayo del año pasado, durante la última feria internacional del libro que se celebró en Panamá, en donde por casualidad conocí a su autor, el argentino Patricio Sturlese, a quien recuerdo interactuando con sus lectores con humildad espontánea y cierto asombro de contar con una obra aclamada best seller.

Como lector compulsivo añadí mi ejemplar dedicado a la pila de libros que siempre tengo esperando turno de lectura y no fue sino hasta hace unas semanas que me adentré en sus páginas para llevarme la grata sorpresa de descubrir una de las novelas más completas y entretenidas que se ha producido en Latinoamérica en los últimos tiempos.

En esta obra calificada como sacro-thriller Sturlese nos traslada al Siglo XVI, en donde nos presenta a su protagonista, Angelo Demetrio DeGrasso, quien detenta el respetado cargo de Inquisidor General de Liguria. Huérfano a temprana edad, Angelo fue criado por el sabio monje capuchino Piero DeGrande quien luego lo encomendó a los dominicos para que adquiriera su formación como Inquisidor, en la cual se ha destacado lo suficiente como para ser seleccionado por el Cardenal Vincenzo Iuliano, Superior General de la Inquisición, y el mismo Papa Clemente VIII para liderizar la búsqueda de dos enigmáticos libros satánicos—el Necronomicón y el Códex Esmeralda—que la Iglesia ha temido y perseguido por siglos y que finalmente parecen estar al alcance de la mano firme del Vaticano.

Angelo ignora que lo que parece en el primer capítulo una oportunidad valiosa para su carrera eclesiástica es en realidad el destino tocando a su puerta para implementar designios que fueron trazados desde el día de su nacimiento. En los meses venideros nuestro Inquisidor quedará envuelto en una lucha interna por el poder de la Iglesia entre el Vaticano y una sociedad secreta llamada Corpus Carus, una jovencita de nombre Rafaella desafiará su voto de celibato y competirá con Cristo por su amor, se embarcará en un prolongado y accidentado viaje al Nuevo Continente siguiendo la pista de los librorum prohibitorum, encontrará aliados bajo las identidades más insólitas y se enfrentará a enemigos en los lugares más insospechados, conocerá a la enigmática hija del Cardenal Iuliano y el poderoso secreto que ella custodia, y llegará a rebelarse contra toda autoridad a fin de desnudar la verdad.

Sturlese, un laico que estudia Teología, exhibe gran pericia al recrear minuciosamente aquella época histórica en la cual la iglesia católica racionalizaba con naturalidad el uso de torturas inmorales para arrancarle confesiones a sus acólitos y en la cual el pueblo aplaudía como espectáculos públicos las quemas atroces de aquellos condenados por herejía. Su habilidad como narrador se puede apreciar cuando nos ilustra el absurdo proceso con el cual se condena de herejía sin que ganemos antipatía hacia su protagonista. Su dominio de la historia le permite explotar los sucesos tanto en Europa como en América poco antes de la llegada del Siglo XVII para relatarnos una gran aventura que literalmente recorre medio mundo. Y es de esa misma familiaridad con la historia de la que se vale para desfilar frente a nosotros una grama gama de personajes, desde el Inquisidor Dragan Woljzowicz, el Almirante León Calvente, el Capitán de Infantería Guillermo Martínez, el enigmático polizón Nikos Xanthoupolos y su agenda oculta, el obstinado sacerdote jesuita Giorgio Carlo Tami y el misterioso astrólogo Darko, hasta el memorable Giulio Battista Èvola, “la gárgola de Cristo”.

Eventualmente comprendemos que los libros no son más que un McGuffin, el motor que pone en marcha una trama que diseca las creencias de aquel período en el cual toda actividad humana estaba supeditada a los dogmas religiosos y a los mandatos caprichosos de sus directores. Un aspecto curioso de la novela es el pavor que infunde La Sociedad Secreta de los Brujos, de quienes muy poco sabemos y que más conocemos a través de la ansiedad que inspira en la iglesia católica. En las páginas de El Inquisidor no presenciaremos ningún hecho sobrenatural; lo más que nos aproximaremos a la supuesta hechicería será a través de actos de gula carnal. Con esto Sturlese subraya sutilmente el miedo ignorante de aquellos días y diseña su trama de manera tal que aún dentro de ese contexto los Brujos no dejen de ser la amenaza que la historia requiere.

Irónicamente el análisis de aquella fe ciega e inflexible encuentra mayor efectividad a través de la gradual reversión de la fortuna de Ángelo, quien desde pequeño no ha conocido nada más que esos dogmas y, a medida que la experiencia lo va confrontando con la avaricia de su superiores, las conspiraciones de sus colegas y las pasiones del alma, la estoica fe del Inquisidor va siendo erosionada paulatinamente hasta que lo vemos convertido en un defensor desesperado de la dignidad humana en una cruzada extra ecclesia.

Patricio Sturlese distribuye a sus caracteres roles tradicionales—el mentor, la amante, el traidor, el padre desconocido, entre otros—y una vez que los identifica como tales saca provecho de nuestras preconcepciones sobre estos papeles para sorprendernos al dirigir a cada uno por un camino insospechado. Si bien algunas de sus revelaciones son predecibles al simplemente ir descartando posibilidades, esto no merma el disfrute de la obra ni impide que nos sorprenda el curso que seguirá la vida de cada personaje. Además, la narración viene hilvanada con astuta intertextualidad, ya que el Necronomicón en realidad es un libro ficticio que inventó H.P. Lovecraft muchos años antes de El Inquisidor.

No he conocido aún a alguien que haya leído este libro sin disfrutarlo, y no cuesta entender el éxito de esta novela editada en Alemania, Italia, Austria, Suiza y traducida al ruso, polaco y rumano. Patricio Sturlese nos presenta una aventura con nada que pedir y que, además, al concluir su lectura nos hará considerar de qué habría sido capaz la Inquisición si hubiera contado con dispositivos explosivos improvisados, lo cual a su vez impone la pregunta: ¿Qué tanto ha evolucionado la religión organizada durante los últimos cuatro siglos?

Sitio del autor: http://www.sturlese.net/

Octubre, 2008

Referencia Bibliográfica:
Sturlese, Patricio. El Inquisidor. México: Random House Mondadori, 2007. 474 p.

martes, 12 de agosto de 2008

Las Lágrimas de Carlota Bruner

En La Piel del Tambor Arturo Pérez-Reverte nos introduce a un peculiar y memorable personaje: Lorenzo Quart, un sacerdote al servicio del Instituto de Obras Especiales, un departamento del Vaticano que funge como un “organismo de inteligencia” a cargo de mitigar crisis potenciales que puedan manchar la imagen pública de la Iglesia Católica.

Quart es un hombre de gran astucia, con una hoja de servicio admirable que incluye haber sacado a Noriega de la Nunciatura durante la invasión estadounidense, y una disciplina férrea que camufla desiertos insospechados dentro de su alma. Sacos italianos de corte impecable, camisas de seda y zapatos de piel son el complemento ideal para un hombre que en sus cuarenta resulta tan atractivo que en la calle las mujeres se detienen a admirarlo y a lamentar el alzacuello que lo deja fuera de su alcance.

La novela inicia cuando un hacker invade el ordenador personal del Papa, dejándole una advertencia sobre una iglesia sevillana que “mata para defenderse”. Roma no puede tolerar semejante atrevimiento y Quart es despachado a Sevilla, una ciudad cuyo encanto seductor Pérez-Reverte recrea y explota al máximo en su narración. Ahí descubre que en torno a la vieja iglesia Nuestra Señora de Las Lágrimas gira un conflicto entre intereses económicos e ideológicos: Pencho Gavira, director del Banco Cartujano, trama con el apoyo del Arzobispo Corvo la venta del viejo edificio a la institución financiera, mientras que sus defensores se empecinan en preservarla a cualquier costo: El vicario Óscar Lobato y la monja Gris Marsala respaldan al Padre Príamo Ferro, un viejo sacerdote rural quien está al mando de la iglesia y se rehúsa a verla caer. Todos ellos bajo el amparo de Macarena Bruner, última vástago de una aristocracia en extinción, ex esposa rebelde de Gavira y apasionante personificación de la tentación.

Y es que Quart no sospecha que se verá obligado a tomar partido, pero no en la lucha por la supervivencia de la iglesia sino en la batalla que librará contra sus propios demonios que por tantos años ha mantenido sedados.

El elenco que lo acompaña a lo largo de la historia resulta igual de fascinante, desde El Cardenal Iwaszkiewicz y sus tácticas intrigantes propias de la Inquisición hasta la anciana madre de Macarena, Cruz Brunner, una anciana atascada entre dos mundos, o el periodista sensacionalista Honorato Bonafé. Las conjuras amorales de Gavira y su mano derecha, Celestino Peregil, se contrastan con sus ejecutores, un trío de malhechores bien intencionados que siguen los pasos del sacerdote: Con Don Ibrahim, La Niña Puñales y el Potro de Mantelete Pérez-Reverte le inyecta humor a una obra que sin ellos quizás sería demasiado sobria, pero no permite que en ningún momento se vuelva paródica o que le reste seriedad a sus demás planteamientos. Todos ellos actúan en la sombra de la leyenda del último corsario español, el Capitán Xaloc, y el amor que le fue negado. Ningún personaje aparece en sus páginas con el propósito de ser “secundario”; cada uno tiene su propio destino igual de interesante que el de Quart. Su trama no la dirigen los eventos sino las interacciones entre sus protagonistas, que se rehúsan a ajustarse a los roles que Pérez-Reverte les impone y revelan nuevos planos de sus personalidades que a su vez repercuten en las acciones de los demás.

El autor deleita con su habitual lenguaje preciso y La Piel del Tambor se devanea entre varios géneros y varias avenidas narrativas, manteniendo así al lector adivinando cuál será el sendero por el cual coincidirán sus personajes. Pero a medida que sus capítulos progresan, la historia se revela como un cándido análisis de la naturaleza de la fe, y para esto la va despojando de las armaduras ideológicas con la cual usualmente la aislamos de todo cuestionamiento. Una vez divorciada de todos los dogmas religiosos, la novela intenta responder a la pregunta ¿por qué existe la fe, por qué el ser humano la necesita? Para contestarla empíricamente no hay mejores candidatos que el dúo de Lorenzo y Príamo, manifestaciones diametralmente opuestas del clero.

Si hay algo que no se puede negar es la habilidad de Pérez-Reverte para concebir protagonistas inolvidables. Esa es la sensación que he tenido con Diego Alatriste (El Capitán Alatriste), Teresa Mendoza (La Reina del Sur) y, ahora, Lorenzo Quart. Son caracteres tan bien trazados y con tantos reveces psicológicos que aún cuando sus novelas concluyen deseas seguir siendo espectador de sus vidas.

¿Y sobre la pregunta en el vórtice del paratexto? Considero que Arturo propone una respuesta que satisfará a católico, musulmán, budista o ateo por igual.


Artículo interesante: http://www.icorso.com/cola11.html

Junio 2008

Referencia Bibliográfica:
Pérez-Reverte, Arturo. La Piel del Tambor. México: Alfaguara, 2006. 589 p.

domingo, 6 de julio de 2008

Licencia Lúdica

El común denominador del catálogo de cuentos de Ariel Barría es su preocupación por experimentar e innovar en las formas narrativas, pero no de manera presuntuosa y rígida sino con un espíritu ameno y casi juguetón pendiente de qué nueva estrategia puede ser efectiva como invitación al lector a participar en el cuento en una especie de baile intelectual con el narrador. Por eso no debería sorprendernos que en su más reciente esfuerzo ha optado por delegar la autoría de sus relatos a una docena de escritores de diferentes edades y diversos antecedentes sociales, todos producto de su inquieta imaginación.

Ojos para Oír, colección galardonada con el Premio Ricardo Miró 2006, es una excelente propuesta para revitalizar el género del cuento, que quizás es más vulnerable a todas las distracciones multimedia con las cuales compite la palabra escrita hoy en día dado que necesita mantener al lector incentivado para proseguir a la siguiente historia.

Ariel Barría responde a este desafío con una historia superpuesta, un hilo conductor en la forma de un respetado profesor y tallerista literario que nos presenta en el discurso de cierre de su carrera el material que se originó en su último taller. De esta forma, el galardonado escritor le cede el crédito de cada uno de las veintiséis narraciones a un desfile de personajes ficticios cuyas biografías son en realidad mini-cuentos adicionales y que trazan a grandes rasgos personalidades consistentes con la producción literaria de cada uno.

Así, el educador nos va presentando paulatinamente a un hijo de la guerrilla sandinense que nos ofrece dos cuentos sobre la vida dentro del conflicto armado, a un poeta que ha salvado su vida con sus versos, a una pareja cuyo amor por las letras los unió tras conocerse en el taller, o a la conmovedora biografía del “autor” de Suicida con Angeles.

La temática variada de Ojos para Oír subraya el encanto de hechos cotidianos, incluyendo cuentos que ironizan las convenciones, como el romance trascendental de Al Lado, o la peculiar manifestación del amor maternal en Mamá Dolores, o el absurdo de la muerte a través de la óptica campesina en Noticia. Asimismo nos encontramos con una brillante advertencia sobre el propio oficio del escritor en El Corrector y en Conciliábulo Crítico, y nos deleitamos con la sencillez engañosa de Y Sobran… y con la forma en que la peculiar escritora “Etcétera” nos retrata la habilidad del ser humano para evadirse de su realidad en Marte. Podríamos continuar haciendo acotaciones a cada uno de los cuentos, pero basta con señalar que en ellos se luce el humor característico de Ariel Barría y se deja entrever una profundidad insospechada en sus planteamientos que hace gala al título de la obra.

Por cierto, el libro no concluye sin atar su último cabo suelto, y es que el Discurso Solemne no es sólo un recurso sino una historia más, y el instructor en las letras verifica si hemos estado pendientes de sus palabras cuando puntualiza la obra con un giro final que le da una nueva perspectiva a su memorable taller.

Junio, 2008

Previas reseñas del autor:
http://mutismaldonado.blogspot.com/2007/05/las-sensaciones-del-nuevo-siglo.html.
http://lapiladelibros.blogspot.com/2008/05/el-ltimo-en-salir-que-apague-estos.html

Referencia Bibliográfica:
Barría, Ariel. Ojos para Oír. Panamá: Editorial Mariano Arosemena, 2007. 122 p.