lunes, 27 de abril de 2009

El Precio de la Lealtad

Pasaron seis años para que Greg Rucka retomara las aventuras del guardaespalda Atticus Kodiak, protagonista de sus primeras cinco novelas. Luego de esta pausa en la que nos presentó a otros personajes memorables como Mim Bracca y Tara Chace, Rucka regresa a las crónicas de Kodiak con su más reciente novela Patriot Acts. Debido a que esta novela es una continuación inmediata de la entrega anterior, Critical Space, me di a la tarea de repasar aquella antes de sumergirme en la nueva obra. Lo primero que me impactó fue la manera constante y certera en la que la prosa de Greg ha evolucionado. Contrastar ambos libros me permitió observar cómo su diseño narrativo se ha vuelto más preciso, sus escenas editadas y ensambladas con una habilidad quirúrgica. Lo cual no debería sorprenderme, pues estamos hablando de un autor que ganó su primer premio literario a los diez años.

Rucka también se ha dado conocer por ser un escritor compulsivamente comprometido con el mundo emocional de sus personajes y el nivel de realidad de sus historias. En este caso esa cualidad simultáneamente es la fuente de la originalidad que hace irresistible a la novela y de la única debilidad del libro.

Patriot Acts reanuda la narración en el instante en que terminó Critical Space: Impresionada por la habilidad que Atticus demostró protegiendo a uno de sus clientes en Smoker, la asesina profesional conocida como Drama lo escogió como su guardaespaldas cuando un colega fue contratado para eliminarla. Kodiak logró su cometido, pero los peligros no concluyeron con la última página de aquella novela.

Patriot Acts básicamente lidia con las consecuencias de las decisiones que todos los personajes tomaron en la novela anterior. Sólo porque el sicario Oxford fue detenido no significa que Atticus y Alena están a salvo. Hay toda una maquinaria política y económica que los ve como un pasivo y esto los convierte en fugitivos. El guardaespaldas y la asesina se convierten en la pareja más improbable mientras se refugian con nuevas identidades. Pero su libertad fue comprada con una vida inocente que nada tenía que ver con el conflicto, y nuestros protagonistas pasan más de tres años esperando la oportunidad de hacer justicia.

Dentro de sus páginas Rucka confecciona una excelente tesis sobre quiénes son los clientes potenciales de estos supuestos asesinos profesionales y cuáles podrían ser sus motivaciones, y nos presenta una interesantísima dinámica entre la administración pública y el sector privado de Estados Unidos que parece engendrada en los titulares del mundo real. En este peligroso escenario Greg inserta a sus protagonistas y los enfrenta a un misterioso enemigo atrincherado en las más altas esferas del poder político. Curiosamente las historias de Atticus siempre han motivado a Rucka a experimentar con el diseño narrativo, y nuevamente nos encontramos en estas páginas algunas propuestas refrescantes sobre cómo manejar las transiciones sin que perjudiquen el ritmo de la historia.

Cuesta referirse a los personajes de Patriot Acts sin revelar las sorpresas que aguardan al lector en sus páginas, pero es necesario recalcar que cada una de sus personalidades está fantásticamente trazada y todas las decisiones que toman se perciben como lógicas e inevitables, no sólo para el dúo protagonista sino para todos los que se cruzan en su camino incluyendo al benefactor sorpresa que surge en el último acto de la trama. Para alguien que ha leído todos los libros de Rucka es lamentable haber esperado tantos años sin volver a ver en esta página a los personajes secundarios que solían poblar las historias de Kodiak, pero dadas las circunstancias que impactan la vida de nuestro héroe el nuevo enfoque de este libro es plenamente razonable e inevitable.

Como un lector fiel a la pluma de Greg Rucka, mi única queja es que el curso que ha tomado la vida de Atticus parece distanciarlo cada vez más de su profesión como guardaespaldas profesional, que inicialmente lo destacó como un personaje original dentro del género. Pero si evaluamos la novela de forma independiente, queda claro que Patriot Acts es todo lo que un thriller debe aspirar a ser.

Enero, 2009

Previos libros del autor:
http://lapiladelibros.blogspot.com/2007/09/bond-jane-bond.html

Referencia Bibliográfica:
Rucka, Greg. Patriot Acts. New York: Bantam Books, 2008. 392 p.

Vendetta Institucionalizada

El oficio del espionaje ha sido explorado en la literatura principalmente desde la perspectiva de las agencias estadounidenses o británicas. Pero existe otro servicio de inteligencia eficaz e implacable que ha causado conmoción en el mundo real: La Mossad israelí. Y es a esta organización a la que Daniel Silva le da protagonismo en su novela The Kill Artist.

Cuando el embajador de Israel en Francia es asesinado en un brutal atentado terrorista, el espía maestro Ari Shamron es convocado de nuevo a la acción y rápidamente detecta la mano de un viejo adversario, Tariq al-Hourani, un terrorista palestino que por un tiempo gozó de la confianza de Yasir Arafat. Shamron estima que la única represalia adecuada es la eliminación de Tariq, y para semejante tarea considera que hay un solo hombre apropiado: Gabriel Allon.

Nuestro protagonista, sin embargo, ya no quiere tener nada que ver con Ari. Allon actualmente trabaja como restaurador de obras de arte, un oficio que aprendió precisamente como cubierta cuando operaba como uno de los agentes de la Mossad que se encargaron de ejecutar a trece miembros de Septiembre Negro. Antaño fue el discípulo más destacado de Shamron, pero su relación se agrió luego de que una de sus misiones le costara su familia. Y el autor de ese atentado que devastó a Allon fue precisamente Tariq.

Tariq también es un personaje interesante, un terrorista despiadado que sin embargo exhibe una peculiar dependencia de la compañía femenina como apoyo para lograr sus atroces cometidos y protege un secreto personal que lo convierte en una amenaza más inminente de lo que sus enemigos suponen. Pero Silva no nos retrata a Tariq como un típico villano. Este palestino tiene la convicción de que lucha por el bienestar de su pueblo, y ha recurrido a medidas extremas sólo tras sentirse traicionado por Arafat. Tariq también sufrió una pérdida terrible que desea vengar: Su hermano mayor fue uno de los integrantes de Septiembre Negro que Gabriel asesinó.

En este ciclo vicioso de rencor y retribución Shamron inserta a Jacqueline Delacroix, una exitosa modelo internacional cuyos abuelos fueron ejecutados durante la ocupación de los Nazis de Francia y que ha servido como agente para la Mossad en misiones anteriores. Es reclutada nuevamente para que sirva como carnada para Yusef, el hombre que guiará a Gabriel hasta Tariq. Pero el complejo pasado entre Allon y Delacroix resucitará fantasmas que pondrán en riesgo toda la operación.

En The Kill Artist Daniel Silva nos presenta un siniestro juego de astucia en el que ambos adversarios se consideran cazadores y logra que el lector cuestione constantemente quién realmente posee la ventaja estratégica. Un pueblo que considera tener un derecho divino de venganza provee el material idea para este thriller psicológico, y Silva logra plantear los argumentos tanto de los israelíes como de los palestinos sin mermar el suspenso pausado que nos guía hasta el sorpresivo blanco que Tariq ha escogido para su ofensiva final.

En las últimas páginas nos encontramos con varios giros interesantes que le aportan un nuevo contexto al relato y apreciamos el esfuerzo de Silva por mantener un buen grado de realismo en la confrontación final. Vale mencionar que la venganza le es negada a uno de sus protagonistas en el desenlace, lo cual podría sugerir que el autor desea cuestionar su validez moral. The Kill Artist es la primera de una serie de novelas protagonizadas por Gabriel y tras haber conocido a este personaje con tantos planos psicológicos y cicatrices anímicas auguro prometedoras entregas futuras de las aventuras del héroe penante de Silva.


Enero, 2009

Referencia Bibliográfica:
Silva, Daniel. The Kill Artist. Nueva York: Signet, 2004. 501 p.

Proselitismo Apolítico

Bajo la premisa de que la novela Ensayo sobre la Lucidez de José Saramago ocurre en la misma ciudad y con algunos de los protagonistas de una de sus novelas anteriores, Ensayo sobre la Ceguera, cualquier lector esperaría un relato tan crudo y realista como fue aquella obra sobre la epidemia de ceguera.

Este nuevo ensayo se anuncia como la crisis que se da cuando los ciudadanos acuden a las urnas a rellenarlas de votos en blanco. Con tal tema anticipaba un retrato filosófico de nuestras actuales estructuras políticas, de un agudo análisis de la manipulación del poder, y de lo que un pueblo quizás podría lograr si despertara y castigara a sus gobernantes. Eso no fue lo que encontré en sus páginas.

Los primeros capítulos se prolongan excesivamente, pero surten el efecto de intrigar al lector, creando dudas sobre la dirección del relato. Eventualmente discernimos el tono casi a la altura en que el gobierno decide castigar a los electores abandonando la ciudad y dejándolos sin gobernantes y oficiales del orden. A partir de ese momento, Ensayo sobre la Lucidez se revela como lo que es: Una sátira de quienes detentan el poder político.

Si bien esto no es lo que esperaba del libro, tampoco le resta mérito, porque debajo de situaciones un tanto absurdas Saramago cuela mensajes bien claros acerca de aquellos a quienes ridiculiza. Desde la intención de tildar como epidemia la avalancha de votos blancos, el plan de equipararla con la enfermedad de la ceguera, hasta la conspiración insensata para inculpar de la subversión contra el gobierno a la mujer que no perdió la vista en aquel libro, el autor nos va transmitiendo con gran ironía la opinión que tiene de los políticos.

Como en obras previas, los protagonistas de este ensayo carecen de nombres, son identificados por el puesto social que ocupan. Pero aquí eso adquiere un valor adicional, pues subraya el hecho de que Saramago no ataca a un gobierno en particular, a una doctrina política específica, ni a una corriente histórica determinada. Su novela se universaliza; está satirizando a cualquiera que en algún momento haya ocupado un cargo público. Esto lo apreciamos notoriamente cuando coloca su lupa encima de las luchas hipócritas entre el Jefe de Estado y sus Ministros, en los eufemismos con los cuales rellena los discursos innecesarios del Presidente, en la forma en la cual lo ilógico le es requerido al comisario que envían a llevar a feliz término la conspiración.

Ensayo sobre la Ceguera no es la historia más compleja y verosímil que encontraremos, pero gracias a la experta pluma de Saramago se transforma en una fábula en donde la prosa transmite una docena de mensajes en una oración sencilla, y en la cual cada una de sus múltiples digresiones abre un espectro de posibilidades que, además de hacernos sonreír ante nuestra disparatada naturaleza, nos plantarán en el subconsciente interrogantes sobre dicha naturaleza que es muy saludable que cultivemos por mucho más que la duración de la obra.
Febrero, 2006
Referencia Bibliográfica:
Saramago, José. Ensayo sobre la Lucidez. Colombia: Algaguara, 2004. 423 p.

domingo, 1 de marzo de 2009

Réquiem para 007

En ocasión del regreso de James Bond a la pantalla grande a finales del año pasado, luego de ver a Daniel Craig paseándose por el Casco Antiguo y Avenida B decidí leer la novela Devil May Care, escrita por Sebastian Faulks en homenaje al centenario del nacimiento de Ian Fleming, creador del espía más célebre de la ficción.

De los libros del agente 007 sólo había leído Casino Royale tiempo atrás interesado en descubrir el concepto original de Fleming que Hollywood tanto había diluido hasta el lanzamiento de la película homónima. Me encontré en Devil May Care al mismo personaje de aquel libro, con unos años y unas cuantas cicatrices extra, pero con la misma voluntad para llevar su misión a feliz término.

Para quien busca una aventura de acción e intriga, Devil May Care contiene todos los elementos que uno espera de una historia de Bond: Un adversario con una deformidad física y un carácter despiadado, una trama insólita para desviar el curso de la sociedad, viajes alrededor del mundo a sus rincones más exóticos y una dama atractiva y enigmática que despierta el interés de nuestro héroe.

Lamentablemente, la novela no posee mucho más que eso. Faulks aparentemente se limitó a reproducir la fórmula de Fleming sin mucho afán de innovación. Las partes más interesantes las encontramos al comienzo, cuando nos encontramos con James en un sabático, conciliando los recuerdos de sus aventuras pasadas con la posibilidad de que ya es hora de dejar atrás el trabajo de campo y cerrar esa etapa de su vida. Éste es un Bond que se encuentra con una mujer hermosa que intenta seducirlo y decide dejarla pasar pues está perdiendo su apetito por sus antiguos juegos. Desafortunadamente este Bond desaparece tan pronto M le asigna una nueva misión; habría sido más interesante que llevara las dudas consigo a lo largo de la novela.

Otra perspectiva interesante que Faulks pudo aprovechar mucho más fue la distancia histórica que tiene con la época en la que se desarrolla la historia. Devil May Care tiene lugar en 1967, en un momento en que las relaciones entre MI6 y la CIA se han enfriado porque el Reino Unido no apoyó a Estados Unidos en Vietnam. Bond observa una sociedad cambiante en la cual las drogas se están volviendo un problema apremiante. Sus investigaciones lo llevan hasta Persia, presagiando la amenaza que Irán llegará a ser para la paz mundial. Y en el último trecho de su misión James visita por primera vez la Unión Soviética, descubriendo que el enemigo quizás no es tan fuerte como suponía.

Todos estos elementos se prestaban para una trama mucho más completa y provocativa que la escrita por Faulks. Por otro lado, considerando que los herederos de Fleming le comisionaron la confección de este libro como parte de un ejercicio publicitario que incluyó su lanzamiento a bordo del navío HMS Exeter (http://news.bbc.co.uk/1/hi/entertainment/7420894.stm) y la creación de una canción al estilo de los films por el grupo SAL (http://www.youtube.com/watch?v=tEs73nynO2o), quizás parte de sus instrucciones era no romper con ninguno de los paradigmas de la serie.

Si habrá futuras entregas en prosa del agente 007, recomiendo hacer propuestas más audaces. Por ejemplo, sería interesante ver a un Comandante Bond de avanzada edad a finales de los ochenta o los noventa, ocupando la posición de M y dirigiendo al Servicio Secreto contra las nuevas amenazas que se ciernen sobre el Siglo XX. Mientras tanto, éste podemos considerarlo como uno de los pocos casos en los que la palabra escrita ha sido superada por el cine mediante la saga que los Broccoli están construyendo en torno a Craig.

Enero, 2009

Referencia Bibliográfica:
Faulks, Sebastian. Devil May Care. Londres: Penguin Books, 2008, 295 p.

domingo, 22 de febrero de 2009

Cronopiofilia

¿Sonará muy mal que admita que nunca había leído a Julio Cortázar? No lo había evadido intencionalmente; simplemente entre tantos libros disponibles tardas más en llegar a unos que a otros. Mi primer contacto con este venerado escritor argentino fue a través del librito Historias de Cronopios y de Famas, y con sólo un par de páginas ya me había sumado a su legión de adeptos.

“En casa del Jacinto hay un sillón para morirse…”

La obra que nos ocupa ha sido catalogada como una colección de cuentos, pero semejante terminología tan rígida y tradicional es insuficiente para referirse al exuberante ejercicio de imaginación irreverente que encontramos dentro de sus páginas.

“Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas…”

El libro está dividido en cuatro secciones, y aunque la primera, titulada “Manual de Instrucciones,” no me convenció de salida, para cuando llegué a la segunda—“Ocupaciones Raras”—el libro me capturó, y al pasar a “Material Plástico”, la tercera, ya era un adicto.

“Un fama descubrió que la virtud era un microbio redondo y lleno de patas…”

Sus pequeños relatos podrían considerarse cuentos en el sentido que contienen el desarrollo de una acción por algunos personajes, pero a su vez trascienden las fronteras de los cuentos, se transforman en un género autóctono que se caracteriza por la innovación creativa y la invalidación de paradigmas.

“A un señor le cortaron la cabeza, pero como después estalló una huelga y no pudieron enterrarlo, este señor tuvo que seguir viviendo sin cabeza y arreglárselas bien o mal…”

En sus páginas encontrarás temas tan diversos como una tía que teme caerse de espaldas, cómo lanzar un pelo al lavabo y luego recuperarlo de la cañería, una familia que se apropia del duelo en los velorios ajenos, la humillación de las bicicletas al negárseles el acceso a los sitios públicos, un mundo tapizado de libros, la interpretación de la geografía desde la perspectiva de las hormigas, las vicisitudes del camello Guk que ha sido declarado indeseable, ó un oso que vive en los caños de la casa.

“Los pobres aprovechan los libros como ladrillos, los pegan con cemento y hacen paredes de libros y viven en cabañas de libros…”

Ésta es una obra que nos exige dejar de tomarnos todo tan en serio, nos reta a asignarle nuevos significados a palabras cotidianas, a buscar la novedad en lo mundano, a entretenernos con el absurdo. La aparente sencillez de sus relatos oculta una profundidad insospechada que revela a su vez un poderoso dominio del lenguaje y la sintaxis y una erupción inventiva irreprimible que se conjugan para producir el texto más divertido que he leído en muchos años.

“Pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre…”

Al llegar a la cuarta y última sección que da título a la obra el ingenio fantástico alcanza su máxima expresión al describirnos el mundo de unos seres ambiguos llamados famas, esperanzas, y los adorables cronopios. No sería justo con el libro abordar estos relatos en un par de líneas; basta con decir que detrás de estas jocosas anécdotas yace una oda a la capacidad de ilusionarse con cada detalle ordinario de nuestro entorno.

“Qué maravillosa ocupación cortarle una pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera, despachar la carta en el correo de la esquina…”

Historias de Cronopios Y de Famas es un libro que recomiendo para absolutamente cualquier persona; desde el lector empedernido hasta quien esquiva la literatura como una peste contagiosa. Es un libro que te hará reír, te hará pensar, te hará suponer, aliviará tus tensiones, y tan pronto culmines su lectura desearás regresar a la primera página. Julio Cortázar gozaba de una perspectiva privilegiada del mundo que nos rodea y somos afortunados de que la haya compartido con nosotros en esta obra intemporal.

Enero, 2009

Sitio del autor: http://www.juliocortazar.com.ar/

Referencia Bibliográfica:
Cortázar, Julio. Historias de Cronopios Y De Famas. México: Punto de Lectura, 2005. 165 p.

sábado, 7 de febrero de 2009

Travesuras del Pasajero Oscuro

Un asesino en serie que sólo escoge a víctimas peores que él es el héroe improbable de un misterio policiaco ambientado en Miami. Cuando escuché la premisa del programa de TV Dexter la tildé de insostenible para una serie, y conversando con un amigo opiné que estaría mejor planteada en una novela finita. Semanas después descubrí que de hecho el show era una adaptación de un libro de Jeff Lindsay, y de ahí mi curiosidad me obligó a leerlo.

Darkly Dreaming Dexter nos presenta a Dexter Morgan, un hombre que de pequeño fue adoptado por un policía honesto y tras crecer en el seno de su familia sigue la tradición familiar y trabaja como un científico forense en el Departamento de Policía de Miami sirviendo como analista especializado en los patrones de la sangre en las escenas de crímenes. Pero Dexter tiene una vida oculta: Como todo psicópata él es incapaz de sentir las emociones humanas y se limita a fingirlas mientras que, de vez en cuando y con la meticulosidad que semejante tarea exige, asesina a aquellos individuos cuyas trasgresiones sociales son lo suficientemente abominables como para que los lectores no se sientan incómodos con las atrocidades de Dexter, como por ejemplo un sacerdote que mata a los niños de su parroquia. ¿Dónde adquirió nuestro protagonista semejante código de honor? Pues Harry, su padre sustituto, detectó cuando Dexter era joven esos impulsos antinaturales que brotaban en él y, conociendo todas las técnicas policíacas, le enseñó cómo evadir los errores que lo enviarían a la cárcel y le inculcó los principios que le permitirían canalizar sus necesidades para beneficiar a la comunidad.

La vida cambia para nuestro insólito héroe cuando un nuevo asesino aparece en Miami exhibiendo un talento superior al de Dexter. Sus víctimas aparecen descuartizadas y vaciadas de hasta la última gota de sangre. Dexter se halla a sí mismo presa de una obsesiva admiración por el asesino que lo magnetiza a la investigación de los homicidios e inspira en él errores injustificados que podrían costarle todos sus secretos. Para complicar las cosas su hermana adoptiva, Deborah, quien también es una policía que aspira desesperadamente a convertirse en detective, requiere del apoyo de Dex para resolver el caso, pero él no está seguro si éste es un hombre a quien desea detener. O siquiera si se trata de su propio Pasajero Oscuro.

Mi escepticismo rápidamente se disolvió. No es sólo que Lindsay concibió un concepto que le ofrece un ángulo fresco a un género que ansiosamente lo requería después de haber sido explorado por tantos autores. Las páginas del libro están pobladas de personajes que se esmeran por romper con los roles tradicionales. Nos agrada tanto Deb Morgan con su carácter impaciente, como la Detective Migdia LaGuerta con su maniobras políticas y su atracción hacia Dex, como el Sargento Albert Doakes que sospecha que algo no anda bien con el forense Morgan, hasta la novia de Dexter, Rita, quien por su historia de abuso familiar es la pareja ideal para nuestro protagonista. Y hay que reconocerlo: Dexter también encanta porque a través de su narración en primera persona obtenemos un punto de vista poco convencional de la conducta social cotidiana, porque nos ofrece un retrato interesante de la comunidad hispana en Miami, porque salpica sus experiencias con un humor negro irreverente, porque notamos que hay una parte de él que desearía repeler al Pasajero Oscuro, que es la metáfora con la cual se refiere a aquellos instintos homicidas que encadenan su alma intempestivamente.

Si ya has visto la primera temporada de Dexter el libro guarda pocas sorpresas pues la adaptación televisa es muy fiel y sólo expande un poco la trama para cumplir con la cantidad adecuada de episodios. Pero aún así la prosa de Jeff Lindsay es lo suficientemente entretenida y envolvente como para enriquecer la historia. Por mi parte, ya he encargado los siguientes dos libros protagonizados por el Señor Morgan y no planeo ver un solo episodio más hasta que los haya leído.

Enero, 2009

Referencia Bibliográfica:
Lindsay, Jeff. Darkly Dreaming Dexter. Reino Unido: Orion Books Ltd, 2005. 275 p.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Entre Dos Tierras

“A veces me sorprendo diciendo su nombre. Me gusta su textura sobre mis labios, algo tenue pero tangible que le da sustancia a mis recuerdos.”
John Rain

Muchas veces se ha dicho que en la Literatura y en la ficción en general todas las historias ya se han contado, que lo que genera nuevos relatos y personajes originales que atraigan nuestra atención—cual ingrediente secreto de una receta exitosa—es la perspectiva de cada autor, filtrada por el lente de sus propias experiencias.

Un caso que lo confirma es Rain Fall, la novela debut de Barry Eisler que será reinterpretada en el cine en el 2009. Superficialmente puede simular ser un caso más de la típica trama en la cual un eficiente y amoral sicario va poco a poco descubriendo una causa justa por la cual luchar gracias al amor inesperado que le nace por una extraordinaria mujer. Y todo lo anterior no es falso, pero lo que hace de éste un libro singular no es el bosque sino cada uno de los árboles sembrados en él.

Empezamos con el protagonista, quien nos relata los acontecimientos en primera persona: Fujiwara Junichi, alias John Rain. Hijo único de un matrimonio interracial entre un diplomático japonés y su contraparte estadounidense, John ha pasado toda su vida entre dos culturas profundamente distintas e intensamente recelosas una de la otra. Rechazado socialmente en ambos países por su sangre mezclada pero con el corazón anclado al Japón de su niñez, Rain creció en un ostracismo que sin duda en gran parte lo motivó a inscribirse en el ejército norteamericano junto a su amigo “Crazy Jake” y juntos combatieron en la guerra de Vietnam como parte del Grupo de Operaciones Especiales. El conflicto bélico transformó a Junichi irremediablemente.

Conocemos a John Rain por primera vez muchos años después, e inmediatamente descubrimos que actualmente aprovecha todas sus habilidades al dedicarse a fungir como hitman para la élite de Tokio. Actuando como agente independiente, John se especializa en simular que las muertes de sus víctimas son por causas naturales. Pero Rain no es un psicópata que disfruta robando vidas ajenas ni un villano sin conciencia rumbo a su redención. Estamos ante un personaje con varias capas psicológicas, un hombre que la vida lo ha marcado con cicatrices y lo ha forzado a aislarse, y que ejerce el único oficio que conoce para sobrevivir. En las páginas del libro encontramos una interesante analogía de cómo John alguna vez fue un samurai y ahora es un ronin.

Y es gracias al oficio de John también que conocemos a una serie de fascinantes personajes, como Harry, el brillante hacker que provee asistencia valiosa a John; Tatsu, el intrépido director de la Ketisatsucho; William Holtzer, el jefe de estación de la CIA en Tokio; o Yamaoto, el astuto líder del partido político “Convicción”. Todos ellos jugarán un papel crucial en cambiar la vida de John de forma irreversible. No es en vano que el juego de palabras en inglés del título de la novela se puede traducir a “La Caída de Rain”.

En el otro extremo de la trama tenemos a Kawamura Midori, una hermosa pianista de jazz con una personalidad incisiva y perceptiva que el destino interpone en el camino de John y, gracias a la hipnotizante caracterización que Eisler logra, al lector se le hace tan difícil como a Rain evitar enamorarse de Midori. Con ellos dos conocemos un Tokio seductor y misterioso, melancólico y magnético, hogar de los mejores bares en los cuales refugiarse en el jazz y el whiskey. A simple vista John y Midori viven un romance propio de almas gemelas, salvo por que el padre de Midori fue la última víctima de Rain.

Hay un McGuffin que a largo de las páginas de la novela perseguimos frenéticamente, un disco compacto irreproducible que el padre de Midori escondió antes de morir y que guarda todos los secretos de los políticos locales. El poder de su contenido es tal que no sólo alinea a múltiples enemigos contra John y Midori sino que nos vale para adentrarnos y comprender la compleja telaraña de corrupción entre el gobierno y la yakuza japonesa, a quienes el devenir histórico ha fusionado en un ciclo simbiótico inagotable. El pantallazo al engranaje social del Tokio moderno es otro de los elementos dignos de admirar en esta obra.

Antes de recurrir a la palabra escrita Barry Eisler trabajó tres años en la estación de la CIA en Japón, así que nos queda sólo especular el porcentaje de autenticidad de los sucesos narrados en esta convincente novela inaugural. Lo que es indiscutible es que al proponernos un nuevo tipo de anti-héroe y un escenario radicalmente distinto Eisler ha refrescado lo que algunos podrían tildar como un género gastado.

En Rain Fall encontramos una obra tan híbrida como su protagonista, que combina el tradicional thriller estadounidense con los elementos singulares de la cultura japonesa en un escenario moderno que sin embargo evoca a la venerada cultura de los samuráis, y como Junichi, su efectividad es admirable.

Sitio del autor: http://www.barryeisler.com/

Octubre, 2008

Referencia Bibliográfica:
Eisler, Barry. Rain Fall. EEUU: Signet, 2003. 376 p.