miércoles, 20 de febrero de 2008

Novelizando la Experiencia

Stella Rimington empezó a trabajar en MI5—el servicio de seguridad de Inglaterra—en 1965, y veintisiete años después se convirtió en la primera mujer directora de la institución. Por supuesto que su hoja de vida era suficiente mérito como para que me interesara en leer su primera novela, At Risk.

La protagonista, Liz Carlyle—quien la misma autora describe como semi-autobiográfica—es una agente de inteligencia de MI5 devota a su trabajo, a tal punto que no parpadea en suspender fríamente su relación amorosa con un hombre casado para que ésta no perjudique su carrera. Liz forma parte de un comité anti-terrorismo, y adquiere protagonismo en una investigación sobre la posible infiltración en territorio británico de una “invisible”, término con el cual identifican a una terrorista potencial que por su categoría de ciudadana inglesa puede moverse dentro de la nación sin llamar la atención.

En las páginas de At Risk apreciamos con lujo de detalle los pasos a seguir para fraguar un atentado en suelo inglés. El terrorismo moderno es lo mejor que pudo sucederle a las novelas de espionaje desde el fin de La Guerra Fría, y en esta obra Rimington lo exprime al máximo. Una joven inglesa carente de motivación que encuentra refugio en el Islam queda presa del extremismo religioso cuando se vuelve el elemento clave para infiltrar al consumado terrorista Faraj Mansoor desde Afganistán a través de La Caravana—una detallada descripción de cómo realistamente se introducen unidades en Gran Bretaña—y metódicamente burlan a las autoridades mientras planean pasar la factura por un incidente en Afganistán que por incompatibilidades culturales cobró numerosas vidas inocentes.

Liz se encuentra a sí misma en el vértice de esta amenaza, aliada con Bruno McKay, un agente de MI6 cuya audaz personalidad nos hace suponer que Rimington considera que la concepción popular de estos célebres espías no se aleja mucho de la realidad. A través de Carlyle se enfatiza el rol de una mujer en una tradicional profesión de hombres – sin duda un reflejo de lo que Rimington vivió en su propio desempeño profesional. Pero a través de su ingenio y de su férrea determinación Liz excavará en las mentiras hasta descifrar el verdadero objetivo de sus enigmáticos adversarios.

Tuve la oportunidad de ver los anuncios de esta autora en los subterráneos de Londres, con la leyenda “Liz Carlyle – una agente con verdadera inteligencia”. Y ese es el mayor mérito del trabajo de Rimington, su dominio de los procedimientos a seguir para proteger una nación. La investigación de sus personajes es metódica y minuciosa. Participan todas las autoridades relevantes y sus indagaciones siguen un curso lógico y creíble. Estoy convencido de que lo único ficticio son sus personajes; todos los eventos reflejan lo que ocurre en la realidad. Quizás hasta podamos estar frente a un posible incidente real que no llegó a los oídos de la prensa. No olvidemos que esta obra se codea con Le Carré y Tom Clancy en el mundo del espionaje.

Pero esos mismos créditos que me atrajeron a ella prueban ser una espada de doble filo. La novela se desarrolla lentamente, a veces demasiado, y no se decide si quiere ser un thriller o un drama. La trama ha avanzado demasiado para cuando la autora intenta hacernos simpatizar con Mansoor, su principal antagonista, quien hasta entonces se había vanagloriado en ser un cliche. Remington invierte demasiado tiempo detallando las vidas de personajes que son incidentales en la trama, y los que realmente cobran protagonismo carecen de unos cuantos rasgos más que los individualicen, en particular Liz y Bruno, quienes se acercan a dejar de ser un estereotipo pero desafortunadamente trastabillan antes de la meta. Además, Rimington vacila al decidir si su desenlace será verista o dramático, y la ansiedad del lector no se ve saciada en las últimas páginas. Pese a lo anterior, debo reconocer que hay una cualidad emotiva en sus personajes que aboga por Stella como escritora, pero necesita holgura en sus riendas.

Mi conclusión acerca de At Risk es que la rica experiencia profesional de Stella Rimington colisiona con su carencia de práctica narrativa, pero afortunadamente su tren no se descarrila. Estamos sin duda ante una novela competente y si su compromiso con la ficción es serio, dentro de unos años consideraremos este debut como el primer ensayo de una gran escritora.
Febrero, 2008


Referencia Bibliográfica:
Remington, Stella. At Risk. Londres: Arrow Books, 2005. 454 p.

sábado, 2 de febrero de 2008

Los Millones de la Discordia

Me tocó descubrir a Brad Meltzer, un autor que ya empieza a dar de qué hablar, a través de su novela The Millionaires, que me dejó con la determinación de buscar sus otras obras publicadas y seguirle el rastro, pues promete una producción interesantísima para los años venideros.

El libro en cuestión nos conduce a la vida de Oliver y Charlie Caruso, dos hermanos de escasos recursos económicos que luchan por salir adelante en la vida y aliviar las preocupaciones de su madre. Charlie, el menor, es un artista diluido que ha procurado vivir por la línea del menor esfuerzo a fin de esquivar a toda costa la posibilidad de fracasar en alguna de sus metas. En contraposición, Oliver se ha dedicado a cumplir con todos los pasos correctos para surgir: Ha estudiado vehementemente, ha ahorrado con una conciencia ajena a su edad, y trabaja sin descanso en un banco bajo la supervisión de uno de los socios principales de quien espera la recomendación ideal para ingresar a alguna de las principales universidades de negocios.

Pero guiar tu vida por el sendero recto no garantiza el éxito, y una honda decepción de las intenciones de su jefe se conjugan con una oportunidad tentadora que se cruza en el camino de Oliver: Una cuenta abandonada con tres millones de dólares cuyo propietario ha fallecido y que, de no ser reclamada, será transferida al gobierno. Tras forcejear con su conciencia, Oliver pone en marcha un plan maquiavélicamente sencillo para apropiarse de los fondos en colusión con su hermano y Shep, el director de la seguridad del banco. Tres millones divididos entre tres resolverían todos sus problemas, y a fin de cuentas, no le robarían a nadie, en el sentido formal de la palabra.

No obstante, un día después de que los millones están a salvo en su cuenta offshore, la catástrofe toca a su puerta. El banco entra en caos, el Servicio Secreto inicia una frenética investigación en la cual Shep acaba asesinado y los hermanos Caruso huyendo por sus vidas, con dos agentes corruptos de dicha organización pisándoles los talones, dispuestos a sacarlos de la ecuación para apoderarse del botín, que misteriosamente resulta ser no tres millones sino más de trescientos millones de dólares. Una tercera jugadora entra en escena cuando la aseguradora del banco envía a la investigadora privada Joey Lamont—uno de los personajes más fascinantes del libro—a desenmarañar el caso.

Mientras los hermanos Caruso rastrean el secreto del difunto propietario de la cuenta problemática desde Nueva York hasta Florida—en donde una enigmática mujer llamada Gillian se unirá a su cruzada, acompañándolos hasta Orlando a un desenlace en el escenario más insólito posible—la novela pasa página tras página retando al lector a soltarla, y al final sale victoriosa, pues es imposible desprenderse de ella. No es sólo que Meltzer demuestra la paciencia necesaria como para recopilar todos los datos requeridos a fin de enmarcar su obra en la realidad del mundo bancario, de las legislaciones financieras y de la tecnología disponible para la persecución que relatará. No es sólo que su prosa ligera y envolvente cabalga justo al ritmo ideal para la historia. Es el hecho que sus personajes son tan vívidos, sus diálogos tan reales, sus hábitos tan auténticos, que uno gustosamente se suma a la odisea de los Caruso con una inversión emocional similar a la que viviríamos si algún amigo cercano nos confiara un dilema como el cual se desarrolla en The Millionaires.

Pero, ¿no son los protagonistas unos ladrones?, es la pregunta que salta a la mente ante la premisa de la novela. Podría replicar con el cliche del ladrón que roba a ladrón, pero en su lugar señalaré a la ambición como el motorcito interno que nos hace levantarnos todas las mañanas a producir día a día. ¿Y es que hay alguna línea clara que separe a la ambición de la codicia? Esa es la interrogante que los Caruso deberán esclarecer, y sólo si dan con la respuesta correcta obtendrán un premio más valioso que tres o trescientos millones de Washingtons.



Noviembre, 2005
Referencia Bibliográfica:
Meltzer, Brad. The Millionaires- New York: Warner Books, 2002. 524 p.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Después de DefCon Uno

¿Recuerdan la crisis de los misiles soviéticos en Cuba de 1962, cuando John F. Kennedy y Nikita Kruschev tuvieron al mundo en tensión mientras se enfrentaban sus naciones? ¿Recuerdan cuando EEUU invadió Cuba y sus fuerzas fueron diezmadas por las armas nucleares tácticas de los rusos? ¿Recuerdan cuando los misiles intercontinentales acabaron con la Unión Soviética, Nueva York, Miami, San Diego, Washington, California, y redujeron a los Estados Unidos a un país tercer mundista incapaz de mantenerse a sí mismo?

Éstas y más son las preguntas que nos plantea Brendan DuBois en su magnífica novela de historia alterna Resurrection Day que empieza diez años después de que el conocido incidente de Octubre del ’62 escaló a la Tercera Guerra Mundial, alterando radicalmente el curso del Siglo XX. Como a menudo ha sido pronosticado, el conflicto bélico con armas nucleares fue sumamente breve—se libró en un puñado de días—pero provocó millones de bajas y daños irreparables.

La obra es protagonizada por Carl Landry, un periodista del Boston Globe que en la víspera del décimo aniversario de la Guerra Cubana investiga el incongruente homicidio de un veterano de la administración Kennedy quien aparentemente custodiaba secretos sobre lo que verdaderamente ocurrió en las últimas horas antes de que estallara la guerra. Esto precipita una serie de complicaciones en la vida de Carl, quien junto a una periodista británica llamada Sandy Price viaja por su devastada nación hasta llegar a la isla fantasma de Manhattan, a fin de descubrir la naturaleza de unos misteriosos documentos que pueden contener la clave para la resurrección de los Estados Unidos y resolver el enigma del culto que afirma que “¡JFK vive!”.

Aunque el motor de la historia de DuBois es el suspenso detrás de una conspiración potencial, el auténtico mérito de su obra es el vívido retrato que nos pinta de lo que fácilmente pudo haber ocurrido hace cuarenta años. El denominador común de la Guerra Fría fue el miedo, y una minúscula variación en las decisiones de los gobernantes de esas dos potencias podría haber provocado un desenlace como el de Resurrection Day.

Por la aniquilación de la Unión Soviética y Cuba Estados Unidos paga con su propia ruina, convertida en una nación bajo ley marcial, con libertades civiles limitadas y estados completamente inhabitables debido a la radioactividad, tras la muerte de cientos de miles de personas por hambre y de frío. Pandillas de huérfanos rondan las calles y jóvenes se oponen al servicio militar obligatorio que inevitablemente los llevará a las áreas contaminadas. Kennedy es el Presidente más odiado en la historia de EEUU y un demócrata jamás volverá a ganar las elecciones. Los estadounidenses son despreciados en Europa por el daño irreparable que su acometida nuclear contra los soviéticos infligió en el planeta y los británicos se sienten discretamente satisfechos al ver que su antigua colonia nuevamente depende de sus subsidios. Los periódicos son censurados por un editor militar, y cualquier voz que se oponga a alguna decisión del gobierno marcial es enviada a trabajar a los campos de descontaminación que equivale a una sentencia de muerte. Y el recorrido que Carl y Sandy harán por Manhattan y New Jersey dejará en la mente de los lectores la huella indeleble de los resultados de un holocausto nuclear.

La trama circula en torno al misterio detrás del General Ramsey Curtis—quien tomó control del país luego de que el gobierno fue destruido en Washington—, los planes secretos de restablecer el Imperio Británico y la civilización oculta que ha crecido en las zonas restringidas al margen de la dictadura militar. Así disfrutamos en Resurrection Day de un inolvidable thriller post-apocalíptico fundamentado en una minuciosa investigación que juega un doble papel al presentarse también como un argumento efectivo en contra de que los humanos dispongan de armas nucleares.



Octubre, 2007

Referencia Bibliográfica:
DuBois, Brendan. Resurrection Day. New York: Jove Books, 2000. 465 p.

domingo, 14 de octubre de 2007

Los Sicarios de Vallejo

Sin muchas referencias sobre la misma, abordé con curiosidad entusiasta la novela de Fernando Vallejo titulada La Virgen de los Sicarios, sólo para ver dicho entusiasmo evaporarse rápidamente y ser reemplazado un centenar de páginas más tarde por el deseo de exigirle al autor la devolución del tiempo invertido en su obra.

La premisa del libro atrae pues promete adentrarnos en el Medellín ochentero de los sicarios, esos peculiares soldados del narcoterrorismo que en lugar de chalecos anti-bala se forran con escapularios y que antes de ir a ejecutar una víctima le oran a la virgen para que guíe todas sus balas hasta su objetivo.

Y Vallejo contaba con los elementos necesarios para presentarnos una historia realmente memorable, pues queda claro en el recorrido caprichoso realizado por su protagonista que conoce muy bien la telaraña social que asfixiaba a Medellín el momento histórico inmediatamente posterior a la caída de Pablo Escobar.

En su lugar, el escritor opta por imponernos a un narrador fastidioso que seduce a jóvenes sicarios y luego los acompaña en una ola de homicidios impulsivos por toda la ciudad. Lo cual descrito de esa manera sigue sonando interesante, pero el relato rápidamente se deforma en una parodia de sí mismo repeliendo así el interés que cualquier lector pueda tener. Los personajes son escasos y absolutamente planos. Si bien está claro que el sicario colombiano nace en la pobreza y se forja en la ignorancia, dudo que en realidad hayan llegado al grado hiperbólico en el cual Vallejo los presenta, deambulando por las calles ejecutando impunes a cualquiera que se cruce en su camino con tal de complacer al narrador. Y aún si fuera así, el intento de cinismo en su enfoque desinfla de efecto dramático cada uno de los asesinatos.

El único que exhibe personalidad es el protagonista, un viejo hipócrita amargado cuyo goce exclusivo en la vida proviene del cuerpo de estos chicos a los que consiente, pero a la larga su voz narrativa también falla. Y entiendo que Vallejo deseaba retratarnos los rencores del colombiano promedio y mostrarnos los rasgos de Medellín, una ciudad erigida sobre la desidia humana. Comprendo que a través de este relato intentó exteriorizar su disgusto y desilusión ante el deterioro de Medellín y la insensible ignorancia de sus compatriotas De hecho la perspectiva del narrador me recordó a momentos el monólogo de Edward Norton frente al espejo en la película The 25th Hour de Spike Lee. El desprecio y la insensibilidad en esa clase de declaraciones están supuestos a confrontarnos con la desconfianza de todo ser humano hacia su prójimo y recordarnos que, si no le ponemos riendas oportunas, todos tenemos el potencial para odiar a quienes son distintos a nosotros. Pero se le va la mano; el narrador se desdibuja en una caricatura de sí mismo y en el proceso nos expele de su mundo.

Su traducción cinematográfica del 2001 no redime la historia, pese a que trata de hacerla más plausible. Nos pide tragarnos menos asesinatos caprichosos, los diálogos suenan menos forzados, pero al final no hay mucho que se pueda hacer si el material fuente es malo. Igual el protagonista—identificado en el film con el propio nombre del escritor—nos resulta antipático y sin más sustancia que una creación en dos dimensiones para cumplir un propósito. Tanto Alexis como Wílmar aparecen vacíos, sin personalidad, antecedentes o motivación, y sus intérpretes no contribuyen con su actuación sin entusiasmo.

Es lamentable que La Virgen de los Sicarios no llene las expectativas del relato que pudo ser. En lo personal, a quien quiera familiarizarse con la cultura de violencia que los carteles fomentaron en Medellín a finales de los ochenta les recomiendo decidirse mejor por la excelente película Rosario Tijeras, inspirada en la novela de Jorge Franco Romas, que tendrá que ser objeto de una futura reseña.


Octubre, 2007

Referencia Bibliográfica:
Vallejo, Fernando. La Virgen de los Sicarios. España: Suma de Letras. 2004. 174 p.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Enamorándonos de Stormy

Ciertamente la premisa de estas novelas no es novedad en la ficción. Libros, películas y series televisivas la han reciclado una y otra vez. Por eso, cuando descubrí la novela de Dean Koontz titulada Odd Thomas que relata la historia de un joven con la habilidad de comunicarse con fantasmas atascados en nuestro mundo, me pregunté, ¿por qué un autor tan creativo como él recurriría a un tema que fue tan bien ejecutado hace pocos años por M. Night Shyamalan en El Sexto Sentido?

Olvidé de momento que el arte de contar historias no consiste sólo en concebir una trama y personajes adecuados a la misma, sino en filtrar el mundo por las experiencias y la imaginación del autor, y ese ejercicio lo transforma en una versión singular dependiendo de sus perspectivas personajes.

En otras palabras, ahora tengo una trilogía de libros que me parecen lo mejor que Koontz ha producido en muchos años.

Como toda buena propuesta fantástica, la interacción de Odd Thomas con el más allá tiene sus reglas: Los fantasmas no pueden hablar ni emitir ningún sonido, lo cual obliga al protagonista a encontrar otras formas de comunicarse con ellos. Generalmente aparecen con la ropa en la que fallecieron y no pueden afectar nuestro mundo físico—salvo que hayan muerto de forma muy traumática y se encuentre en un estado iracundo, en cuyo caso Odd los denomina Poltergeists. También existen los bodachs, unas apariciones inhumanas e incorpóreas que sólo se hacen presentes cuando se avecina una gran tragedia y llegan al éxtasis con el sufrimiento de las víctimas. Además, Odd tiene un poder complementario, una especie de magnetismo psíquico que lo ayuda a localizar personas o sitios en los que enfoca sus pensamientos. Bajo esta premisa se desarrollan las tres novelas.

Odd Thomas

En su primera aventura, la inesperada llegada de bodachs a Pico Mundo conduce a Odd en una desesperada búsqueda, presentándonos al elenco de peculiares personajes que lo rodean y lo apoyan, mientras intenta descifrar cuál es el gran desastre que se avecina sobre el centro comercial de Green Moon.

Forever Odd

Los meses desde el incidente de Green Moon no han sido fáciles para Odd, pero cuando el padre de su amigo Danny Jessup se le presenta—recién asesinado—pidiendo su ayuda para rescatar a Danny, Odd no tiene más remedio que embarcarse en una nueva odisea. Danny padece de osteogenesis imperfecta, aflicción que hace que sus huesos se fracturen con cualquier impacto. Ha sido secuestrado por una misteriosa mujer llamada Dathura que convoca a Odd a las ruinas de un casino, en donde planea valerse de la abducción para explotar las habilidades de Odd.

Brother Odd

Ansiando paz y tranquilidad, Odd se ha marchado a vivir en un monasterio remoto en el cual los muertos no buscan su ayuda. Pero los problemas nuevamente tocan a su puerta en medio de una fiera tormenta de nieve, cuando criaturas que no son ni de este mundo ni de aquel empiezan a aparecer, amenazando a los niños enfermos a quienes cuidan en el convento.

El encanto de estos libros no radica tanto en las situaciones en las cuales Odd se encuentra involucrado sino en su propia caracterización. La narración en primera persona está tan bien lograda que nos hace sentir que un amigo con el cual crecimos nos está relatando los últimos acontecimientos de su vida. El joven Thomas es sensible, respetuoso, humilde, franco y exhibe un sentido del humor discreto pero incisivo. En lo personal, me es inevitable escuchar el monólogo de Odd con la voz de Tobey Maguire.

Nuestro protagonista ha aprendido—o más bien se ha resignado—a existir con su inexplicable don y, los muertos, al percatarse de que él puede verlos, recurren a él para que les ayude a resolver las circunstancias que les impiden transitar al siguiente mundo. Ya que cualquier noche lo puede despertar un fantasma en pijamas buscando su ayuda, Odd no tiene otra opción que procurar simplificar el resto de su vida. Trabaja como cocinero y sueña con ser vendedor de neumáticos; se aferra a muy pocas posesiones, entre las que sobresale una tarjeta ganada en una feria que pronosticó su unión eterna con su adorada novia, Stormy. Y es que Odd no es un héroe; si pudiera se desharía de su habilidad especial en un parpadeo. Y la tristeza que inspira su deber se deja ver en su relato sin cruzar la frontera con la amargura.

Por otro lado, el concepto de que Odd está escribiendo manuscritos de sus aventuras invita a variaciones de las técnicas literarias utilizadas. En la primera novela se confiesa un narrador no fiable, y en la tercera juega con el tiempo y el espacio para mostrarnos escenas en las cuales él no participó. Esto le da versatilidad a su perspectiva unipersonal.

La saga también se enriquece gracias al conjunto de personajes con los cuales Odd interactúa en el pueblo desértico de Pico Mundo y luego en el convento. Una familia sustituta se forja como confidentes y guardianes de su habilidad secreta: El obeso escritor Ozzie Boone (y su gato El Terrible Chester) quien incita a Odd a plasmar sus aventuras en papel para la posteridad. El Jefe de Policía Wyatt Porter—el Comisionado Gordon de Odd—quien no está unido al protagonista sólo por su frecuente ayuda para resolver crímenes sino por un hondo afecto paternal. Terri Stambaugh, la jefa de Odd en el restaurante y la madre que su progenitora nunca fue. Luego en el convento adoptamos al misterioso bibliotecario Rodion Romanovich y al Hermano Nudillos, el más simpático sicario bregando por la redención.

Y Elvis Presley. Sí, el Rey del Rock and Roll vive con Odd.
La saga contiene todos los elementos característicos de las obras de Koontz, desde los padres psicóticos, desinteresados y abusivos hasta el amor de pareja que redime y revitaliza al héroe. Pero aquí Koontz le imprime un nuevo giro que refresca lo que de otra forma ya se sentiría formulaico en sus escritos y nos hace identificarnos con el amor de la vida de Odd como ningún otro de sus previos libros.

Después de fallos como Christopher Snow, Koontz ha descubierto la gracia del protagonista recurrente. Y la prueba está en que de sus docenas de novelas éstas son las que más correspondencia de sus lectores ha recibido, y ya se está preparando una serie de comics manga sobre el personaje.

Mi única recomendación es que para futuras entregas se aleje de elementos de ciencia ficción y mantenga anclado al personaje en la maldad natural del hombre, que es precisamente el elemento que hizo de Odd Thomas la más impactante de la trilogía.



Septiembre, 2007

Enlaces de Interés:
Entrevista con Odd: http://www.deankoontz.com/books/odd-thomas/interviews.php
Manga de Odd: http://www.deankoontz.com/whats-new/odd-thomas-manga-press-release.php

Referencias Bibliográficas:
Koontz, Dean. Odd Thomas. New York: Bantam Books, 2003. 446 p.
Koontz, Dean. Forever Odd. Londres: Harper Collins, 2006. 419 p.
Koontz, Dean. Brother Odd. New York: Bantam Books, 2006. 430 p.

Bond, Jane Bond

Greg Rucka rápidamente se está convirtiendo en un autor del cual hay que estar pendiente. Descrito por el Salem Statesman Journal como una mezcla de Hemingway, Spillane y Hammett, se ha caracterizado por tomar géneros a los cuales claramente adora y revitalizarlos con tramas rigurosamente veristas y personajes psicológicamente complejos sin diluir el cóctel de suspenso y acción requerido por un thriller.

Estos rasgos salen a relucir con mayor claridad en su serie de espionaje que comenzó con el comic Queen & Country para luego trasladarse a las dos magníficas novelas A Gentleman’s Game y Private Wars. Gestada por su fascinación nostálgica con una vieja serie británica llamada The Sandbaggers, la saga relata las misiones y dilemas de la Sección de Operaciones Especiales de MI6, la agencia de inteligencia británica, y en especial de la agente Tara F. Chace. Ella es parte de un trío de operadores conocidos como Minders que se encargan de las tareas más difíciles: Extracciones, asesinatos, sabotajes… Cuando la situación exige un trabajo sucio, siempre habrá un Minder listo para meter las manos en la mugre.

Al comenzar A Gentleman’s Game, Tara ocupa la posición de Minder Uno, con Nicky Poole en la segunda silla y Chris Lankford en la tercera. Un atentado terrorista golpea trágicamente al sistema de trenes subterráneos de Londres. El Gobierno de Su Majestad decide tomar represalias contra los terroristas wahhabistas y eliminar al líder religioso detrás de los atentados, así que Tara es despachada al Yemen en donde además de su objetivo se ve obligada a ejecutar a un príncipe saudita en plena oración en medio de una mezquita. La crisis política no se hace esperar y sus superiores deciden sacrificar a nuestra heroína, entregándola al gobierno saudita como la responsable del regicidio en intercambio por la erradicación de un campo de entrenamiento de terroristas. Pero la Sección de Operaciones Especiales no abandona a los suyos, y Tara no está dispuesta a ceder sin antes dar batalla, aunque eso implique huir acompañada del antiguo Minder Uno Tom Wallace, aliarse a la Mossad israelita y pagar un alto precio con tal de viajar al campo terrorista cuya destrucción garantizará su libertad.

En su segunda novela, Private Wars, descubrimos que Tara ahora es una madre soltera quien, al estrellarse contra el pragmatismo de su jefe, el Director de Operaciones Paul Crocker, decidió renunciar al servicio secreto. Pero, al mismo tiempo que la falta de propósito la hace extrañar su antiguo empleo, Crocker se ve a sí mismo acorralado en un precipicio político cuya única salida puede ser montar una operación sin autorización en Uzbekistán. Esto los une nuevamente, y Tara parte rumbo a una delicada extracción que acaba en desastre, tortura y su eventual regreso a la posición de Minder Uno. Meses más tarde el pasado toca a su puerta: Tara debe regresar a Uzbekistán y, contra todos sus instintos, revertir los cambios que su primera incursión ocasionó—aunque implique ignorar cada uno de sus principios morales.

¿Suenan como típicas historias de acción e intriga? Todo lo contrario: Ambas novelas están repletas de dramas personales. El escenario de conflicto global es el lienzo sobre el cual se pinta con extenuante realismo los estragos que este estilo de vida inflige sobre sus protagonistas desde el Jefe del Servicio Secreto, Sir Francis Barclay, que exhibe gran astucia política e instinto de auto-preservación, hasta el Director Crocker: Brusco, maleducado, insensible—rasgos de un hombre acostumbrado a hacer cualquier sacrificio por un trabajo en el que tiene casi tanta convicción como su lealtad por sus subordinados. El relato superlativo se revela en el realismo que se logra con la relación de Paul con Angela Cheng, su contacto de la CIA, y la incómoda amistad que compartir el estrés forja entre ellos, o con el humor de Nick Poole, Minder Dos, ex–SAS, espía abiertamente gay.

Pero, particularmente, es gracias a la caracterización de Tara, quizás el mejor de los personajes de Rucka (quien ya ha concebido algunos geniales, como Atticus Kodiak y Mim Bracca). No esperes verla bebiendo martinis en un casino; ella es una agente altamente calificada y con una determinación inflexible para lograr su objetivo templada por una baja auto-estima y una búsqueda innata de aprobación que siempre la hará esmerarse más.

Greg Rucka no recurre a las soluciones sencillas o a las respuestas en blanco y negro. Esto lo notamos en los perfiles de sus antagonistas: William Leacock, el joven británico que se enamora del wahhabismo, cambia su nombre a Sinnan y busca activamente ser un jihadi. Sevara Malikov-Ganiev—heredera del Presidente de Uzbekistán—y su amante Ahtam Zahidov, narcisistas sádicos ansiosos por la aprobación de los estadounidenses que sin embargo torturan a su propio pueblo para consolidar su poder. Estos no son villanos convencionales a punto de activar una bomba nuclear para llenar la cuota de maldad adecuada; son personajes arrancados de los titulares del Siglo XXI.

La acción abunda en sus páginas, el suspenso no flaquea en ningún capítulo, pero lo más interesante de estas novelas es el grado de detalle en su intriga, el tiempo dedicado a los juegos políticos entre las grandes naciones, el costo que algunos están dispuestos a pagar tanto para lograr un objetivo como para avanzar su propia carrera. Hay que aplaudir la minuciosa investigación que Rucka lleva a cabo en su afán de no comprometer el realismo de la historia. La abundancia en detalles resulta casi educativa, e inclusive cuando la violencia se precipita está tan bien fundamentada que resulta tan creíble como cualquier noticia que vemos en CNN.

Ambas novelas son fenomenales; si tengo que escoger una favorita sería Private Wars, quizás porque a estas alturas ya tenemos fatiga del tema del terrorismo, pero sobre todo porque los personajes están mejor logrados, los giros son más imprevisibles y la evolución del conflicto progresa por canales temáticos paralelos: Por un lado está la importancia política de la jaqueca diplomática provocada por Crocker y compañía, y por otro lo que la segunda colisión de agendas en Uzbekistán significa para cada uno de sus participantes.

Pero realmente espero poder decir que mi preferida será alguna de las futuras entregas de las aventuras de Tara Felicity Chace.

Sitio del autor: http://www.gregrucka.com/
Septiembre, 2007



Referencias Bibliográficas:
Rucka, Greg. A Gentleman’s Game. New York: Bantam Books, 2004. 481 p.
Rucka, Greg. Private Wars. New York: Bantam Books, 2005. 503 p.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Vivir Rápido y Morir Joven

Al leer la novela de Greg Rucka A Fistful of Rain no pude evitar asignarle a la protagonista y narradora la voz de Jeanine Garofallo. Es el tono ideal para Mim Bracca: Marginalmente humoroso, abundantemente cínico e inoportunamente emotivo. Y esas características también aplican al personaje, que se nos presenta con las cicatrices psicológicas que la pluma de Rucka sabe trazar.

Greg ya anteriormente procuró innovar en el género del thriller con su serie del guardaespaldas Atticus Kodiak, pero en esta ocasión da un paso más original y nos propone, como heroína, a la guitarrista de una banda de rock que cuenta con más recuerdos traumáticos que sentido común. Vanessa, la vocalista del grupo Tailhook, en media gira decide enviar a Mim de vuelta a casa para que resuelva su problema de alcoholismo que comienza a perjudicar al conjunto. Y ahí comienza la historia.

De vuelta en Portland, Mim tiene que lidiar con el hecho de que mientras estaba de gira la popularidad de Tailhook la ha convertido en una celebridad. Y eso no sólo implica la portada de Rolling Stone. También incluye encuentros peligrosos en el portal de su casa, fotos de ella desnuda en Internet, homicidios y chantajes. Y como respuesta, Mim bebe. Su hermano—vendedor de drogas—le revela que su padre ha salido de la cárcel—en donde estuvo pagando una condena por el homicidio de su madre—y desea hacer las paces con ella. Y como respuesta, Mim bebe. Pero sus reacciones monotemáticas resultarán insuficientes al enfrentarse al plan implementado por un misterioso hombre enmascarado que no se detendrá hasta arrebatarle las pocas cosas que le quedan.

Rucka está consciente de que una de sus mayores habilidades narrativas se concentra en la caracterización, y la explota al máximo en esta novela. Mim es un fascinante personaje que se aleja tanto del rol de heroína como el de anti-heroína, y se planta en el cómodo papel de cualquier persona cotidiana falta de un par de años de terapia emocional. Afortunadamente nadie le advirtió a Greg que esa no es la protagonista apropiada para una historia de suspenso, pues las amenazas y desafíos que surgen a lo largo de la trama ocupan segundo lugar al comportamiento errático de Mim a medida que comete error tras error en sus intentos de salir de una trampa de la cual sólo tendrá oportunidad de liberarse si halla el valor para confrontar el pasado del que ha huido pavorosamente.

La primera oración de A Fistful of Rain nos la dice Mim Bracca: “Ésta es la canción que jamás podré escribir”. Así, Greg Rucka pone la tónica de un relato que se apodera de la sensibilidad propia de una artista y la exprime hasta arrancarle la última lágrima, sin que en ningún momento los acontecimiento dejen de tomar giros que mantendrán desconcertados tanto a la guitarrista de Tailhook como a sus lectores, haciéndonos concluir que más que el sofá de un buen psicólogo lo que estos personajes necesitan es precisamente los suplicios a los cuales su creador es capaz de someterlos.

Sitio del autor: http://www.gregrucka.com/


Noviembre, 2004

Referencia Bibliográfica:
Rucka, Greg. A Fistful of Rain. New York: Bantam Books, 2004. 364 p.