
Para lectores hambrientos de historias cuyo riguroso realismo exija una mínima suspensión de la incredulidad sin sacrificar la tensión y el impacto del relato Greg Rucka suele ser una elección confiable, y su más reciente novela, The Last Run, es quizás el esfuerzo más destilado del autor por plantearnos un drama de brutal verosimilitud.
Se trata de la tercera entrega de la serie Queen & Country, dedicada a la sección de operaciones especiales de la inteligencia británica. Al igual que en los libros que le antecedieron, A Gentleman’s Game y Private Wars, lo protagoniza la destacada agente Tara Chace, quien en esta ocasión se enfrenta a su adversario más feroz: La edad. En esto Rucka se distancia de sus colegas en el género del espionaje quienes, tras concebir a un personaje tan vívido como Tara, lo mantienen activo en múltiples aventuras para gran satisfacción de sus seguidores. En el mundo de Rucka los años transcurren en tiempo real, y la agente Chace lleva ya casi una década activa. Ha cumplido con numerosas misiones, ha sobrevivido varios tiroteos y ha sido torturada por sus enemigos, pero es una falla insignificante durante un ejercicio de entrenamiento la que le revela que su cuerpo está llegando al límite. Paul Crocker, el director de la sección especial, reconoce que todos los agentes tienen fecha de expiración y está dispuesto a transferir a Tara a un escritorio, pero el destino tiene planes distintos para ella.







